¿Falsas denuncias falsas?

septiembre 10, 2015 en Artículos por No más violencia de género

Por Susana Gisbert, Fiscal.

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Aun sin decir a que denuncias falsas me refiero, imagino que la mayoría ya saben de qué voy a hablar. Incluso muchos pensarán que saben lo que voy a decir. Cosas de ser muy previsible…o muy machacona.

Pues no sé si acertarían. Sí y no. Que no todas las cosas son blancas ni negras, aunque a veces puedan parecerlo.

Y, quizás por eso empezaré diciendo que las denuncias falsas existen. Eso he dicho, que existen. En violencia de género, y también en otros muchos delitos. Aunque no son, ni con mucho, otra cosa que un porcentaje anecdótico en relación con todos los ilícitos penales que se cometen cada año. Y algunos ni siquiera sabrían que existe este tipo penal si alguien no se empeñara constantemente en recordárnoslo, y en disfrazar de regla general lo que es sino una excepción. Y, una vez debidamente disfrazada, en utilizarla como un arma arrojadiza. Sin calcular que, a veces, las armas se comportan como un boomerang.

Tal vez convendría empezar las cosas por el principio. Y explicar en qué consiste eso de la denuncia falsa. Porque muchos hablan de ella sin saber exactamente de qué se trata. O sin explicarlo, vaya.

El delito de acusación y denuncia falsa –éste es su verdadero nomen iuris– es un delito contra la Administración de Justicia. Este dato, aunque pueda parecer una minucia o un mero formalismo, es importante. Porque no se comete contra el denunciado ni el acusado falsamente, sino contra el servicio público. Y eso nos afecta a todos, y por eso lo perseguimos cuando se comete. Aunque muchos se empeñen en decir lo contrario.

Por otra parte, tiene unos requisitos muy concretos. Como no podía ser de otro modo cuando de Derecho Penal se trata, por descontado. Y hay que distinguirlo de un pariente cercano, la simulación de delito, que consiste en atribuirse la cualidad de responsable o víctima de un delito ante quien o quienes tienen facultades para perseguirlo. Y no siempre se distinguen ambas figuras, y se entra en maremágnum que, con intención o sin ella, propicia la confusión.

También hay que diferenciarlo de otro pariente no tan cercano, pero pariente al fin y al cabo: la calumnia. Que consiste, en esencia, en atribuir a alguien falsamente hechos que si fueran ciertos constituirían un delito. Que, llegado el caso, podría hasta ir de la mano. Al menos en teoría.

Hasta aquí todo parece claro. O al menos eso pretendo. Así que faltaría saber si sobre ello existe base suficiente para acometer el tema de las denuncias falsas como si fuera un problema, y un problema de dimensiones cósmicas, como quieren hacer creer algunos. Y ahí es donde la cuestión empieza a ponerse peliaguda.

Que es un problema no lo voy a negar. Todo abuso de la Administración de Justicia para obtener un beneficio, sea el que sea, lo es. Más aún cuando ello supone utilizar un servicio público con el gasto y el trabajo que pagamos todos. Y, precisamente por eso, está castigado en nuestro Código penal. Porque no se puede dejar impune a quien comete esta conducta.

Pero  -y aquí empieza probablemente la parte espinosa- lo que sí negaré ante todo el que quiera oírme –o leerme- o incluso ante el que no quiera, es que esta cuestión tenga unas proporciones o una incidencia importante, porque no lo creo. He visto muchas más denuncias falsas en gente que finge un robo para cobrar un seguro y nadie se lleva las manos a la cabeza por ello, incluso hay un cierto beneplácito social en el que consigue timar a la aseguradora convirtiendo un mero hurto al descuido en un atraco con tal de que el supuesto entre en la póliza y pueda llevarse un dinerillo. Y no solo eso. Todos hemos visto otro tipo de abusos de la administración de justicia, como las famosas “querellas catalanas” en que se disfrazaba de ilícito penal lo que solo era un tema civil para así ahorrar tiempo y dinero, eso sí, a costa de todos. Y tampoco son infrecuentes los casos de una clara simulación de delito: ésos en que en infracciones contra la seguridad vial alguien finge ser el conductor para que quien realmente lo es no se “coma el marrón” bien porque no tenga carnet, no tenga puntos, no esté incluido en el seguro, tenga ya una condena penal o una suspensión pendiente o cualquier otro motivo. Seguro que conocen a alguien que lo ha hecho o, al menos, lo ha intentado. E incluso se ha jactado de ello.

Causas-por-denuncia-falsa-violencia-de-género¿Por qué, entonces, si los casos son mucho más escasos –estadísticamente casi inexistentes- se habla tanto de las denuncias falsas en violencia de género? ¿Por qué hasta el punto de que el legislador se planteara incluir esta cuestión en una norma como el Estatuto de la Víctima, aunque por fortuna suavizara mucho la redacción? Pues creo que la respuesta es más fácil de lo que parece, y quizás las claves se encuentren en lo dicho anteriormente. En saber de qué hablamos. Ni más ni menos.

Y es que -permítaseme la expresión coloquial- estamos mezclando churras con merinas, peras con manzanas. Y, al igual que no es oro todo lo que reluce, no es denuncia falsa todo lo que se dice que es. Y ahí hay mucha tela que cortar.

En este tema se debaten cuestiones delicadísimas, donde se mezclan el Derecho y los sentimientos en un batiburrillo en que no siempre se puede distinguir el oro de la paja. Porque una cosa es lo que sean los resultados o los efectos de una denuncia, y otra muy distinto que ésa sea falsa. Y muchas veces se culpa a esa mujer que denuncia de unos resultados a los que es por completo ajena.

Me explicaré mejor. Se habla de hombres que pasan noches en el calabozo, de asuntos que se demoran, de decisiones acerca de custodias o adjudicación de vivienda que les dejan en una situación insoportable. Se habla de trato desigual y de obtención de ventajas por una discusión que no pasa de un quítame aquí estas pajas. Y se mezclan justicias con injusticias y unas situaciones con otras como si todas las mujeres fueran –o fuéramos- unas harpías que pretenden despojar de todo a sus maridos o compañeros del pan y la sal. Y de los hijos, por supuesto.

Pero vayamos por partes. Los juzgados de Violencia sobre la Mujer no hacen otra cosa que aplicar una ley que fue aprobada con el consenso de todos los partidos políticos pero que, pasado un primer y vigoroso impulso, nadie se ha molestado en dotar de medios. Y, lo que deberían ser juzgados con atención permanente, son en su mayor parte juzgados mal dotados que tienen por añadidura esta competencia. Y que, además, han sufrido la acción de la tijera sobre sustituciones e interinatos. Y, en estas circunstancias, tal vez el tiempo de espera es más largo de lo que debiera. Pero ninguna culpa tiene una mujer que denuncia de eso. Bastante hacen con sacar adelante eso con los medios que hay.

La segunda cuestión es que denuncian como delito lo que es una simple discusión o desavenencia. Y ahí yerran el tiro. Llamar “puta”, “zorra” o “inútil”, por poner un ejemplo, a una mujer con la que se tiene o se tuvo una relación de pareja es una infracción penal. Como lo es –o lo era, ante de la reforma de las faltas- decírselo al vecino del quinto o a la prima segunda de tu padre en la cena de Navidad, pero con un plus, la situación de desigualdad entre hombres y mujeres que venimos arrastrando desde la noche de los tiempos, lo reconozcamos o no. Y denunciar un hecho que es una infracción penal nunca puede tildarse de denuncia falsa. Aunque a alguien lo que no le guste es que esa conducta sea constitutiva de infracción penal. Y eso es otro cantar.

La experiencia –desde el primer día de entrada en vigor de la ley sirviendo uno de estos juzgados- me ha enseñado que, en la inmensa mayoría de los casos, las mujeres que denuncian lo hacen cuando ya han soportado mucho. Lo de la gota que colma el vaso. Y les cuesta sangre, sudor y lágrimas. Imagínense cómo se puede sentir alguien teniendo que contar a unos desconocidos cosas que pertenecen a su esfera íntima, desnudar su vida ante preguntas muchas veces hostiles. Y tener que tomar en unas pocas horas decisiones que afectarán a su vida entera. Y esto no es algo que diga por decir. Lo digo porque lo veo día a día, por más que haya quien se empeñe en presentarlo como un paseo por el parque. Denunciar es un trance doloroso, y denunciar hechos de esta índole, lo es más todavía. Algo que deberíamos tener siempre presente.

Causas-por-denuncia-falsa-sobre-violencia-de-género-2009-2012Pero como decía antes, hay que partir de lo que es una denuncia falsa para poder hablar de ellas. Y el hecho de que un asunto acabe por un archivo porque no se ha probado el hecho –no olvidemos que estas acciones no suelen tener testigos- no convierte esa denuncia en falsa. Como tampoco la convierte el hecho de que la mujer, en un momento posterior, amparada en un obsoleto precepto, se eche atrás en su denuncia y guarde silencio.

Cuando se habla de denuncias falsas se produce un fenómeno curioso. So pretexto de que en estos casos se vulnera la presunción de inocencia de los hombres, se comete el mismo error, corregido y aumentado. Se ignora por completo la presunción de inocencia de las mujeres que denuncian, cuando ni siquiera tienen ningún procedimiento abierto por ello. Y se siguen computando como denuncias falsas cosas que ni siquiera han dado lugar a la incoación de procedimiento. Pensemos en la famosa línea roja que separa a imputados de los que no lo son, y de las exquisiteces que muchos precisan para tomar una decisión de cesar en determinado puesto a alguien, y comparemos. A las mujeres se les estigmatiza como falsas denunciantes cuando ni siquiera han sido imputadas ni denunciadas por ello, y probablemente la inmensa mayoría nunca lo serán. Sin perjuicio, por supuesto, de que la que lo haga, haya de soportar el peso de la ley. Pero solo ésa que, como ya he dicho, constituye una cifra anecdótica.

Y es que las cifras son muy sufridas. Como esa que circula por ahí del número de hombres que se suicidan por causa de estas cosas. Y que es imposible que exista. Porque jamás se podrá determinar la razón por la que alguien se quita la vida, ni hay ninguna lista que compute las causas de los suicidios. Ni puede haberla.

Así que, volvamos al principio, a la pregunta formulada en el título de este artículo. ¿Son falsas esas denuncias falsas? ¿O lo falso es decir que los son? Yo, desde luego, tengo clara mi respuesta.

Artículo publicado originalmente en LAWYERPRESS.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.