La actitud neutral de la mayoría de los hombres es machista

agosto 16, 2016 en Artículos por No más violencia de género

Entrevista a Miguel Lorente, experto en violencia de género, por Patricia Ruiz Rustarazo, publicada en Linkterna.

Miguel Lorente es experto en violencia de género. Asegura que los 750 asesinatos que se han registrado en España en la última década necesitarían una respuesta social e institucional de mayor intensidad y critica la falta de  profesionalidad a la hora de abordar la problemática. En la raíz, un machismo “que es cultura”, normalizado en lo más profundo de una sociedad que, en opinión del experto, ha avanzado, principalmente, porque la mujer ha evolucionado. La mayoría de los hombres, en cambio, se mantienen en una posición “aparentemente neutral” que, al final, “es estar a favor del machismo”.

Miguel Lorente-Mayo 2014

Lorente es autor de libros conocidos como ‘Mi marido me pega lo normal’ o ‘El rompecabezas: Anatomía del maltratado’ y fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género de España desde el 2008 al 2011. Analizamos con él algunas claves de esta desigualdad social y las principales polémicas que, alrededor del tema, se han desatado en los últimos tiempos.

¿Qué es el machismo?
El machismo es cultura y la cultura es conocimiento, que son todas esas ideas, referencias, costumbres que nos hemos dado históricamente para establecer la convivencia dentro de la sociedad, y la machista es la que impone el criterio de lo masculino como referencia universal. El hombre es la referencia de la normalidad, de lo general, mientras que lo relativo a la mujer queda reducido a determinados ámbitos que, además, están bajo el marco general de la referencia masculina.
El machismo no es el exceso de las conductas de desigualdad. El machismo es la desigualdad.

Tenemos una sociedad más crítica, que ya identifica como machista determinadas expresiones o actitudes”

¿Y cómo se combate? 
Es una cultura de más de diez mil años, así que las vías que tenemos son dos, aunque no es nada fácil. Por un lado, la crítica, tomar conciencia de la desigualdad que tenemos, de la discriminación y de la violencia que existe. Adoptar esa posición crítica para no caer en ella y cambiarla. Y, la otra, es la educación: iniciar a los jóvenes, desde la niñez, en una serie de referencias y valores que sean diferentes a esta cultura en la que la identidad de hombres y mujeres está asociada a roles y funciones concretos. Se trata de transmitir valores y referencias que nos permitan sentirnos hombres y mujeres de forma diferente, fuera de estos.

Pero, ¿hemos avanzado en la consecución de la igualdad? 
Yo creo que sí, es verdad que al ser algo tan profundo, con tanta invisibilidad, tan normalizado en la forma de enfrentarse a la realidad, que por mucho que se haya conseguido, parece poco. Y es poco para lo que queda, pero es mucho para lo que había.
Tenemos una sociedad más crítica, que ya identifica como machista determinadas expresiones o actitudes, que determinadas declaraciones que puede decir, digamos, un señor ministro, se consideran machistas, por mucha especialización, formación o abogacía del estado que tenga ese señor ministro.
Sí, aunque diría que el cambio es gracias a las mujeres, son las mujeres las que han cambiado más. Los hombres no hemos cambiado tanto.

¿Por qué? ¿Dónde situamos la resistencia de los hombres a la igualdad?
Hay tres grandes grupos, por decirlo gráficamente: los hombres claramente a favor de la igualdad, que creemos que la igualdad es buena para todos, igual que la libertad. Es una parte mínima. Otros, los hombres machistas recalcitrantes, que atacan a cualquiera o cualquier actitud a favor de la igualdad. Y, luego, hay una gran masa de hombres que están en posición neutral, que dicen que no son machistas pero tampoco hacen nada para que exista la igualdad. Pues bien, esa actitud ya es machista. La desigualdad, la discriminación, la violencia existen, por tanto, no hacer nada para cambiarlo, para cambiar algo que está mal, es permitir que continúe. Esa posición aparentemente neutral de la mayoría es estar a favor del machismo. Además, muchos de esos hombres, después, actúan ante un conflicto bajo los parámetros de la cultura, es decir, bajo los parámetros del machismo.
Por supuesto, hay una parte de esos hombres que no quiere dar pasos porque pierden privilegios.

La idea de que la conducta violenta es normal en los hombres hace que no se perciba el verdadero riesgo”

En la última década hay unas 750 mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas. (Ver datos aquí)
Es una cifra terrible ante la que no se reacciona proporcionalmente y ante la que se sigue reduciendo el presupuesto para evitarlo en todos sus frentes. Esa simple cifra debería traer consigo una respuesta tan contundente que no haría falta nada más. Ni hablar de machismo ni desigualdad. Necesitaría una respuesta, ya no digo institucional, sino social que fuera increíblemente intensa para evitarlo, para acabar con esto. Y no ocurre. Se sigue cuestionando a las mujeres, quitándole importancia, hablando de las denuncias falsas u otros argumentos para desviar la atención. Si en vez de ser mujeres fueran unos 70 taxistas muertos al año, o empresarios, o lo que sea, habría un revuelo increíble. Si fueran 70 personas de un mismo grupo las que murieran por unas circunstancias conocidas perfectamente.

Las víctimas, en muchos casos, no piden protección ante el maltrato. De las 41 mujeres asesinadas en 2014, sólo ocho la solicitaron y obtuvieron. ¿Por qué ocurre esto? 
Hay dos elementos que tienen que ver con la concepción del riesgo: el subjetivo, el que desde dentro valora el riesgo que hay; y el objetivo, el que ve otro.
Hay una normalización de la violencia, se ve como algo propio de los conflictos de pareja. Se cree que determinados hombres, ante determinadas situaciones como una separación, se comportan así sólo por el problema. Este argumento hace que la mujer, incluso los propios familiares, no perciban el riesgo. La idea de que la conducta violenta es normal en los hombres hace que no se perciba el verdadero riesgo. Por eso es importante que los riesgos, y ese tipo de conductas, sean valorados desde las instituciones. Si una mujer denuncia y no pide protección, tendrá que ser el juzgado el que valore si está o no en riesgo. Hay especialistas que han de pedir esa protección.

Pero de esas 41 sólo 11 habían denunciado y dos de ellas habían retirado la denuncia. 
Claro, la inmensa mayoría de mujeres que sufren violencia no denuncian. En España, según la macroencuesta de 2011, son 600.000 mujeres las que sufren violencia y las denuncias son 120.000. Incluso en situaciones tan graves que acaban en asesinato, se sigue pensando que es algo que no va a pasar, que se resolverá.

¿El miedo es un factor importante?
El miedo es lo que la gente señala como el factor más importante para no denunciar. Además de señalarse a sí misma, porque estas son las únicas víctimas que llevan asociada la culpabilidad. Ninguna otra víctima de violencia se siente avergonzada de haber sido robada, atracada. Pero las mujeres maltratadas, por esta cultura, sí lo hacen. Se avergüenzan y eso juega en contra de ellas. No denuncian para no sentir esas consecuencias negativas y porque viven en una situación de mayor riesgo, porque están desprotegidas. Es un tema muy delicado.

¿Por qué ese sentimiento de culpabilidad común entre las víctimas de la violencia machista? 
Porque viven en una cultura que les dice que a las mujeres buenas no les pasa nada. Y si les pasa, es porque han hecho algo mal. De hecho, el maltratador repite mensajes tipo: esto es porque eres una mala madre o una mala mujer. Mensajes que critican la actitud de la mujer para justificar la violencia que el hombre ejerce. Y pegarles, según creen los maltratadores, es para corregirlas. Recuerdo el libro del Arzobispo de Granada, ‘Cásate y sé sumisa’, en el que se refleja muy bien esa idea. O una frase que me han dicho, alguna vez, en conferencias, mujeres que vienen a verme: “Yo no estoy aquí porque mi marido me pegue, que a mí nunca me ha puesto la mano encima, claro, que yo tampoco le he dado motivos”. Esa es la idea, que la violencia es motivada por la mujer.

Ninguna otra víctima de violencia se siente avergonzada de haber sido robada, atracada”

¿Cómo reacciona hoy nuestra sociedad ante estos argumentos? ¿Es crítica, la condena, la comprende? 
En muchos casos se entiende que son temas de pareja, que son problemas de familia y que, cuando un marido maltrata sí que puede ser debido a algo que ha hecho la mujer. Incluso hay juristas que aseguran que con la Ley Integral lo que se hace es criminalizar a las familias o criminalizar a los hombres, es decir, que estamos introduciendo el derecho penal en un ámbito que no debería estar. Esto es justificar que son temas de familia y que han de resolverse como se han resuelto tradicionalmente: con lo que decida el hombre. Es como aquello tan antiguo en educación de que “la letra con sangre entra”; y se pegaba, había castigos duros, orejas de burro y eran una normalidad educativa. En la educación hemos sigo capaces de avanzar pero en esto no se avanza. Porque avanzar significaría cuestionar a los hombres, la cultura de los hombres.

Las cifras, la falta de evolución, demuestran que las cosas se están haciendo mal.  
Bueno, tenemos los instrumentos, el análisis, incluso los medios, pero el problema de la Ley Integral, que se está debatiendo, no es de Ley, es de aplicación. Si seguimos pensando en términos coloquiales en vez de profesionales, la respuesta no es profesional. Que alguien hable con sus vecinas de la violencia de su marido y le diga que lo que tiene que hacer es no provocarle, está mal, pero ya hemos hablado de la parte cultural; pero, ir a un juzgado y que no hagan los estudios para medir el riesgo, que no pongan medidas para combatir ese riesgo… Esperamos otra respuesta de un juzgado a la que pueda haber en la calle.

También se reduce el gasto en políticas de mujer y contra la violencia machista. En los últimos años, en 17 millones de euros (ver artículo aquí)
Sí, y, al final, no sólo son las partidas específicas. Como decimos, es un asunto de la cultura, que requiere abordarla y combatirla desde muchos frentes, así que también afecta que se esté recortando en educación, en servicios sociales, etc. Todos esos elementos tienen un impacto en la violencia.

El Consejo General del Poder Judicial ha pedido que la confesión del crimen machista no se considere atenuante.  
Eso lo llevo diciendo años. Antiguamente, se llamaba arrepentimiento espontáneo y, ahora, es una figura que facilita la investigación. Es una barbaridad. Se trata de criminales morales, es decir, no actúan por un bien material o instrumental, sino que actúan y matan para defender su posición como hombres, por sentirse más hombres. Por eso se entregan voluntariamente. El 74% se entrega voluntariamente y un 16% se suicida. Porque asumen las consecuencias del crimen. Por tanto, si es un crimen que tiene como característica el entregarse voluntariamente, no se puede entender que esa entrega sea un factor que vaya al margen del crimen y que pueda facilitar la condena o reducirla. Es un desconocimiento profundo de la violencia de género y del comportamiento de los maltratadores. Está en el código penal para otros delitos y que, como siempre, se aplica porque no se tiene en cuenta las características diferentes de la violencia de género.

En la sociedad prevalece una idea de que un maltratador no tiene por qué ser un mal padre”

La custodia de los hijos es también un tema controvertido cuando hay violencia. Hace poco volvió a ser noticia por la polémica que desató un juez al otorgar visitas a un preso acusado de matar a su esposa y madre de la hija de ambos, de cuatro años. (Ver noticia aquí)
Es una barbaridad. Esta misma semana se ha abierto juicio oral. No tiene ningún sentido. La niña estaba en la casa en el momento de los hechos. Puede tener o no conocimiento, pero está recuperándose de haber perdido a una madre en esas circunstancias. Y que pueda tener contacto con el padre, que está en prisión preventiva durante un año porque hay indicios suficientes, puede ser un trauma en sí. De hecho, hay un rechazo a la entrevista con el padre, hubo una crisis de ansiedad en una de las visitas.
Pero, al margen de este caso, que es una barbaridad, no se puede descartar por completo que un hombre que haya podido matar a la madre, no vaya a ejercer violencia contra los menores. Son muchos factores. Lo que hay detrás de todo esto, es que en la sociedad prevalece una idea de que un maltratador no tiene por qué ser un mal padre. Esa es la clave. Cuando es un padre horrible. Es un mal padre. Es lo peor que se le puede hacer a un hijo: tener a una madre hundida en el día a día por la violencia.

Hablemos de otra polémica de esta semana. Pedro Sánchez ha propuesto que todas las víctimas de la violencia de género tengan funerales de estado. (Ver noticia aquí)
No es el momento oportuno para hacerla. Pero las muertes de violencia de género no pueden quedar aisladas de la propia cultura que las ha provocado. El funeral de estado en el terrorismo es para apoyar a las víctimas, posicionarse a favor de ellas y en contra del terrorismo. Es un gesto más para demostrar que se está con las víctimas.
Pero, en cualquier caso, no es el momento porque se transmite la idea de fracaso, de que las mujeres van a ser asesinadas. No sé el contexto en el que se ha hecho, pero una propuesta así ha de estar basada en acciones más amplias para que se entienda y se contextualice lo que significa.

El machismo no desgasta. La crítica social que se produce por comentarios machistas no devalúa a la persona”

Por otra parte, tenemos la evaluación de Arias Cañete en la Unión Europea, en la que ha estado presente el machismo que ya mostró durante la campaña de las elecciones europeas. 
El machismo se ha mencionado, pero el tema importante ha sido su relación con las petroleras. El machismo no desgasta, por desgracia. Puedo hablar de casos significativos. Por ejemplo, en Vitoria, su alcalde dice que los marroquíes están aquí para cobrar subsidios y la Fiscalía abre diligencias previas porque es incitación al odio, es racismo y xenofobia; en resumen, actúa. En cambio, el alcalde de Valladolid dice que no se mete en un ascensor con una mujer porque puede salir con el sujetador o la falda en la mano y “buscarles las vueltas”. Y aquí no pasa nada, no se abren diligencias porque incita al odio hacia a las mujeres. No se actúa.
La crítica social que se produce por esos comentarios machistas no devalúa a la persona. Hay quien no acepta estos comentarios, pero no hay un desgaste tal que tenga consecuencias.
Si hablamos de Cañete, se le critica la frase, pero él nunca dice que es un error, dice sólo que es desafortunada.

Y por último, hemos de mencionar a Alberto Ruiz-Gallardón, su fallida reforma de la Ley del Aborto y su dimisión.  
Yo he escrito mucho sobre eso. Es una propuesta falaz desde el principio, jugar a controlar a las mujeres bajo el argumento de la defensa de la vida. Pero es falaz, hay muchos argumentos. Por poner un ejemplo, en España hay más de 500.000 embriones congelados en las clínicas de reproducción asistida y sobre esos embriones, que la mayoría terminarán siendo destruidos, no se regula nada. ¿No son vidas embrionarias como las que se señalan en el útero de la mujer? Porque, realmente, lo que se cuestiona es a la mujer, a que pueda tomar una decisión.
La ley no obliga a abortar, parece necesario decirlo. Pero si una mujer decide abortar y no están las garantías que debe desarrollar el Estado, la dinámica que se abre es que lo haga fuera de ellas. Aparte de que sólo lo pueda hacer quien tenga dinero o de forma inadecuada, con el riesgo para la mujer que supone.
Además, si lo que se protege es la vida y hay una ley que ha supuesto, en el primer año, una reducción del 5% de abortos, hay trabajar en lo que esa ley apunta, que es la prevención del embarazo no deseado, a través de la educación sexual. Ésa es la primera causa del aborto. Todos los estudios de la OMS demuestran que los países más restrictivos con el aborto son los que tienen el mayor número de abortos.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.