Novios tóxicos: ¡Como mires a otro, te mato!

mayo 5, 2016 en Artículos por No más violencia de género

Excelente reportaje del suplemento dominical XL SEMANAL del 1 de mayo de 2016 sobre un tema de máxima actualidad e importancia por sus repercusiones: la violencia de genero entre los adolescentes. Testimonios directos de adolescentes, entrevista con especialistas y un buen resumen de la problemática, con unas ideas aportadas por nuestro presidente Jose-Antonio Burriel.

ADOLESCENTE-VG-1

Puedes pinchar directamente en la imagen para descargarte el reportaje completo en PDF

Novios tóxicos ==> DESCARGAR REPORTAJE

// Texto completo del reportaje //

Por Priscila Guilayn – XL Semanal

Algo estamos haciendo mal. La generación que debía ser la más igualitaria de la historia dispara las cifras de violencia de género. Más de 40.000 chicas adolescentes de entre 14 y 19 años han sido agredidas por ‘su chico’. Un drama silencioso del que no saben salir. Su novio empieza controlando su móvil y acaba controlando su vida.

Tiene 14 años y ya ha denunciado a su expareja. La tenía controlada, sometida, pero ella no se atrevía a contrariarlo. El chico se oponía incluso a que fuera de excursión con el instituto. Un día la grabó con el móvil mientras tenían relaciones sexuales -«Yo no quería que lo grabara», subraya- y, a partir de ahí, comenzó a chantajearla con enseñárselo a todo el mundo. Un día la forzó a practicar sexo y también lo filmó. «Me encerró en la azotea», relata Pilar. Y aunque no sea este su verdadero nombre, todo lo demás es cierto.

Antes de que su pareja llegara a la agresión sexual y lo grabara, el móvil ya se había convertido en una cárcel para Pilar. Su exnovio la controlaba gracias a la tecnología. Y no es la única que sufría ni sufre algo semejante. Lo mismo ocurre con el 21,1 por ciento de las menores de 24 años, según la Macroencuesta española de violencia contra la mujer. Son niñas y jóvenes que han llegado a creerse aquello de que «los celos son un demostración de amor» mientras viven sometidas al control, primer escalón en el proceso de la violencia de género, por parte de sus parejas. El dato en sí mismo ya es alarmante, pero más todavía si se tiene en cuenta que entre las mujeres de mayor edad el porcentaje ronda el 10 por ciento.

Una respuesta muy frecuente ante este control es el silencio. María Jesús y María Ángeles, policías de la Delegación de Participación Ciudadana del distrito madrileño de Puente de Vallecas, detectan el rastro del maltrato con solo mirar a las jóvenes que acuden a las charlas que dan sobre violencia de género en los institutos. Las chicas apartan la mirada, lloran al identificarse con el relato de las agentes. Algunas adolescentes dejan caer que «un poquito de celos viene bien». María Jesús proyecta vídeos en el aula que ilustran cómo ese «poquito» puede convertirse en «mucho» en un santiamén.

Así ocurrió con Ana, una joven de 17 años cuyo novio insiste en que oculte sus ojos verdes tras unas lentillas de contacto castañas. Él dice que llaman demasiado la atención y ella ha optado por andar callada y con la cabeza gacha para evitar que, como de costumbre, la llame «puta» y le pegue. «Cada vez que voy con mis padres, he de hacerme una foto y mandársela para que sepa que es verdad. Porque si no… Una vez… -no es capaz de rematar la frase-. Es que son tantas veces las que dice: ¿dónde estás?, ¿dónde estás?. Y yo le respondo: En el mismo sitio, en el mismo sitio. Y tengo que enviarle 40 fotos con distintas poses para que no se crea que le estoy mandando la misma».

Estrategia de dominación.

Llegar a sufrir violencia física y sexual depende de con qué rapidez acepten las chicas la violencia psicológica. Las hay que empiezan a sufrir empujones, tirones de pelo, agarrones o incluso fuertes palizas a las tres semanas de empezar a salir; otras, a los dos años de noviazgo. Las víctimas -ya más de 40.000 chicas, según el Consejo General del Poder Judicial- no responden a un perfil concreto. Son menores de diferentes clases sociales y edades. Situaciones como las de Ana y Pilar reponden a un cambio social. Así lo revela el estudio Voces tras los datos, realizado por la socióloga Carmen Ruiz Repullo para el Instituto Andaluz de la Mujer, que percibe, así como otros expertos, una clara regresión en actitudes, valores y conductas entre buena parte de la gente joven.

La violencia de género no es un hecho aislado en la relación de pareja. Es una estrategia de dominación, una conducta sistemática que arranca enmascarada por los mitos del amor romántico, cuando la joven -o la mujer- cree que los celos son una demostración de amor y confía en que con su entrega incondicional a su novio este cambiará.

Parte de esta confusión radica en que las relaciones tóxicas no empiezan siendo violentas. Todo lo contrario. «Si así fuera, nadie lo aceptaría. Este tipo de relación empieza con mucho romanticismo. Él se muestra conquistador y seductor y cuando empiezan las coacciones, bajo un control voraz, ella ya está muy enamorada», explica la psicóloga Diana Díaz, coordinadora del teléfono de atención (900 20 20 10) que la Fundación Anar pone a disposición, de manera totalmente confidencial, a niños y adolescentes víctimas de violencia. Muchas de las llamadas -unas 300 al año- refieren el desconcierto de sentirse agobiada, avasallada, pero a la vez amada. «Le dije: me he tatuado tu nombre, ¿qué más quieres que haga por ti? Pero a él no le valía y seguía exigiéndome que le demostrara mi amor», relató una chica de 16 años. «Ellas lo van tolerando -explica Díaz-, mientras el maltrato va subiendo peldaños».

Es la escalera de la violencia de género presentada como ‘amor verdadero’, de la cual, después de subir varios tramos, se hace muy difícil bajar sin ayuda. Allá arriba la chica se siente sola, mira alrededor y solo está él. Su dependencia emocional es completa y su autoestima ha sido destruida hasta tal punto que, aunque su ‘príncipe’ se haya convertido en ogro, cree que las cosas pueden volver a ser como antes. El primer peldaño es el control, los celos ‘como signo de amor’. «Él me obligaba a comer rápido para poder llamarlo. Todo el rato me mandaba WhatsApp en los que me decía que acabase ya de comer, que necesitaba oír mi voz», se desahoga una joven de 16 años, atendida por el equipo de Díaz. El control va abarcando, poco a poco, todos los aspectos. Él le dice qué no debe ponerse, con quién no se puede mensajear, exige su contraseña de las redes sociales como prueba de amor. «Empezó a cogerme el móvil, me pidió la clave, miraba mis contactos, no me dejaba escribir a mis amigas. Y si ellas me llamaban, él bloqueaba el número», cuenta otra víctima de 15 años.

Pero el control es apenas el comienzo de la escalera. Como el chico la presiona para que pase el mayor tiempo con él, y ella accede, asciende al segundo tramo: el aislamiento, cuando ella desiste de sus amistades y se distancia de la familia. Más tarde, en el tercer tramo, la incomunicación: la víctima renuncia a sus actividades extraescolares, a sus aficiones, al viaje de fin de curso… El sentimiento de culpa y el chantaje son el siguiente escalón, el cuarto: el novio se enfada porque la chica dice no estar preparada para tener relaciones sexuales y ella acaba cediendo. «Me metí en la boca del lobo, fui a su casa, me dio alcohol y me emborraché. Se lo puse a huevo. Siento que fue culpa mía», cuenta una niña de 14 años.

En el quinto peldaño aparecen los desprecios, las humillaciones, los insultos: la autoestima de la chica toca fondo. En el sexto surgen las peleas constantes: todo lo que ella dice o hace está mal. En el séptimo escalón empiezan las agresiones físicas: empujones, tirones de pelo, agarrones… Y en el octavo, él amenaza con quitarse la vida. «Estoy muy preocupada. Me da miedo que si lo dejo cumpla sus amenazas de suicidio», cuenta, a través del teléfono Anar, una chica de 15 años.

La violencia sexual aparece en el noveno escalón: «Me obligaba a ver películas pornográficas y después a hacerlo real», rememora una chica de 16 años. Y ya en el décimo comienzan las palizas, como le ocurrió a una adolescente de 16 años que también llamó al 900 20 20 10: «Me tiró por las escaleras y me dejó en el suelo, mareada, sin saber dónde estaba. Ahora, me pega todos los días o un día sí y otro no».

Pese a que todo el sufrimiento arranca con el control, una de cada tres jóvenes no identifica este comportamiento con la violencia de género, según un estudio realizado por la Delegación de Gobierno. Por ello, los expertos en la materia, como José Antonio Burriel, abogado especialista en Derecho Penal y fundador de la Asociación No Más Violencia de Género, defienden que la prevención reside en la educación: «Es urgente que eduquemos en igualdad a los chicos y chicas que hoy tienen de 14 a 18 años. Si no lo hacemos, perderemos una generación. ¡No podemos perderla!». Según el estudio Igualdad y prevención de la violencia de género en la adolescencia y juventud, publicado en 2010 por la Universidad Complutense de Madrid y el entonces Ministerio de Igualdad, el 32,1 por ciento de los chicos adolescentes corren el riesgo de convertirse en maltratadores.

Las denuncias, sin embargo, son escasas. El año pasado, en España, fueron enjuiciados 162 menores, según el Consejo General del Poder Judicial, de los cuales el 90 por ciento fueron considerados culpables. Las sanciones suelen ser apercibimiento o un tiempo en un centro de internamiento. A los menores o a los jóvenes con 18 años o poco más no se les suele aplicar la Ley Integral contra la Violencia de Género porque el Tribunal Supremo establece que las relaciones deben ser análogas a las matrimoniales: duración en el tiempo y proyecto de futuro. «Los jóvenes no suelen tener ni una cosa ni la otra», matiza Burriel.

«El enfoque entre adolescentes, sin embargo, no debe ir por las leyes y sí por la educación -añade Burriel-. Es la educación la que cambia los corazones; y la familia es la esencia: la educación empieza dentro de casa. ¿Y cómo se hace? Viviendo en igualdad». Luego, a partir de los cuatro o cinco años, poco a poco, ya en los colegios. «Hay que enseñar que somos iguales, diversos, pero todos con los mismos derechos, la misma libertad y la misma dignidad».

Burriel defiende que los adolescentes aprendan las reglas de las relaciones afectivas. «No se trata solo de dar unos besitos o cogerse de la cintura. Hay que dialogar, comprender, ser sinceros; no hay que avasallar, ambos deben tener su tiempo libre. Y es muy importante saber pedir perdón». En los institutos a los que acude para dar charlas sobre el asunto, Burriel ve cómo a las chicas les cuesta terminar con ese tipo de relaciones. «Muchas aguantan porque si rompen con el novio se quedan solas, aisladas en el instituto. Ves a niñas de 15 años llorando y preguntándose: ‘¡Qué voy a hacer con mi vida!’».

Una desesperación muy preocupante. Como la de una adolescente de 16 años que llamó a la línea de la Fundación Anar: «Estoy intentando llevarlo bien, mantener la sonrisa, pero como me dé otra paliza voy a ser yo la que me vaya. Me mato. Así descanso».

La policía charla con los chicos

policia-590xXx80

María Jesús es policía de Madrid. Da charlas a chicos y chicas jóvenes en institutos sobre la violencia de género. Detecta cuáles sufren maltrato con solo mirarlas. Las chicas apartan la vista y lloran al identificarse con el relato de la agente.

Cómo recibir ayuda inmediata

_mg_3147b-590xXx80

Las chicas que sufren violencia de sus parejas pueden llamar, durante las 24 horas del día, al teléfono Anar. Un grupo de psicólogos atiende las llamadas. Marcar el 900 20 20 10 no deja rastro en la factura. Reciben 300 llamadas al año

TESTIMONIOS

Chica de 17 años. El noviazgo duró menos de un año. Lo denunció.

“Al principio él era muy bueno, respetaba lo que yo quería, pero luego…”

El siempre me decía que yo iba a ser su novia, siempre, desde que yo era chiquitilla. Estaba obsesionado conmigo. Al principio él era muy bueno, respetaba lo que yo quería. Luego, a los cuatro o cinco meses, fue cambiando, no sé lo que le pasó. Se enfadaba mucho. Estábamos en su casa y yo me intentaba ir y él no me dejaba. Me echaba la llave. Yo me sentaba y decía, pues… que cuando él quisiera. Si llamaba mi padre, me quitaba el móvil. Él me chillaba, me cogía y me decía: ‘Te voy a hacer la vida imposible, voy a hacer que te pelees con todo el mundo’. Yo no me veía capaz de dejarlo, hubo un momento que hacía conmigo lo que quería, me anuló. Por el WhatsApp siempre me decía que le mandase fotos desnuda. Él me chantajeaba, me decía: ‘Si no lo haces, digo que has hecho esto…’. Yo lloraba, lloraba. He tenido ataques de ansiedad. Este curso he estado ingresada dos veces en el hospital. Me mareaba, me caía al suelo. Me miraban el azúcar y lo tenía bien; las defensas, las tenía bien; y no sabían qué me pasaba. Estoy muy agradecida a mis amigas. Fueron ellas las que se lo contaron todo a mis padres».

Chica de 17 años (tenía 15 cuando lo vivió). Pasó nueve meses con el novio. Lo denunció.

“Me vigilaba por el móvil. Le tenía que mandar fotos todo el rato de dónde estaba”

Empezó quitándome el móvil. Me compró una tarjeta nueva para que yo no hablase con mis amigas, porque decía que todas eran unas guarras. Quería que solo lo tuviese a él en el WhatsApp. En el instituto he tenido que mandarle fotos cada cinco minutos, para que viese que estaba en clase. Todas las noches me controlaba, me tenía que acostar a la hora que quería. A los dos meses, me rompió la Blackberry. Me dijo: ‘¡Que tú no te puedes ir hoy sin móvil!’. Y yo: ‘No haberlo roto’. Yo pensaba: ‘Ojalá que no encuentre ninguno, que voy a dormir esta noche la mar de tranquila’. Pero consiguió otro y me lo dio. A los dos meses empezaron las amenazas: ‘Si te vas, si me dejas…’. Yo tenía 15 y estaba enchochadísima. Luego empezó a darme guantazos, a tirarme del pelo, bueno… y terminó por pegarme. Me puso un ojo morado. Su padre también le pegaba a su madre».

Chica de 15 años. Llevaba más de dos años con el novio. Lo denunció.

“Me gritó: ‘¡Tú no te vas!’ y empezó a pegarme”

Siempre había discusiones; si no era por una cosa, era por otra. No pasaba un día sin que discutiéramos. Me amenazaba. La última pelea, que fue cuando lo denuncié, fue en su casa, al salir del instituto. Estuvimos ahí un rato y le dije: ‘Bueno, me voy, que tengo que comer, estudiar…’. Y me dijo: ‘No te vas’. Y yo: ‘Sí me voy’. Y él: ‘No, que no te vas y no te vas’. Bueno, pues cerró la puerta con llave y la escondió. Me puse a buscarla y le dije: ‘A ver si empiezo a gritar y alguien me escucha’. Y entonces cerró las ventanas, lo cerró todo. La casa, cerrada y los dos en el pasillo, que no me dejaba moverme del pasillo. Pues ahí empezó con los insultos, a pegarme empujones y puñetazos. Y, claro, yo, de la impotencia, también le di. Se ve que le hice daño en el ojo y ahí ya se le cruzaron los cables y empezó venga a pegarme, pegarme… Me dejó inconsciente en el suelo. Él es un niño supercaprichoso. Todo lo que quiere lo tiene».

LA EXPERTA

CARMEN RUIZ REPULLO

entrevista-590xXx80

Socióloga. Es autora del estudio ‘Voces tras los datos’, sobre la violencia de género entre adolescentes. Realizó más de 20 entrevistas a chicas maltratadas.

“Hay que educar para que las niñas no vean al malote como chico atractivo”

Es correcto echar la culpa de la violencia de género entre adolescentes a las nuevas tecnologías?

R. No creo que las nuevas tecnologías produzcan ni fomenten formas de violencia o desigualdad. Son un elemento más de la vida cotidiana. Si chicos y chicas tienen una relación sana entre iguales, las redes sociales no son un problema. El foco está en cómo educamos.

P. ¿Cuándo regalar un móvil?

R. Para utilizar un elemento tan importante como un smartphone, los niños deben tener cierta madurez. Hay chicos que con 12 años ya la tienen y otros que con 14 no la han alcanzado todavía. De todas formas, hay que poner límites en el acceso a Internet. El espacio de encuentro ya no es el parque; ahora pasan horas mirando las conversaciones de los grupos de WhatsApp donde están metidos. No se puede pasar de no tener móvil a utilizar un smartphone con Internet las 24 horas del día.

P. ¿Cómo deben reaccionar los padres ante la violencia de género?

R. Si intuyen que su hija sufre violencia, lo primero que deben hacer es buscar ayuda profesional, programas de atención psicológica, que les digan cómo trabajar con su hija. Las pautas deben ajustarse al momento que vive su hija en la relación de pareja. No es lo mismo si lleva tres meses con su novio que tres años.

P. ¿Funciona castigarla o prohibirle ver al chico?

R. Es lo que se suele hacer, pero no son buenas soluciones. Hacen que las chicas se posicionen contra sus familias. Debemos recuperar la confianza de nuestros hijos. Hay que dejar que sea ella quien rompa la relación. Claro está que, si hay una clara situación de peligro y ella no se da cuenta, hay que intervenir.

P. ¿Denunciando?

R. Muchas familias denuncian al chico agresor, pero, por mi experiencia, la denuncia no siempre es la manera de romper una relación. Hay chicas que siguen con sus novios incluso cuando hay una orden de alejamiento. Es necesaria la ruptura emocional. La ruptura legal no suele ser suficiente. Por eso es muy importante que las familias se preparen para ayudar a sus hijas.

P. ¿Cómo mostrar a las chicas que viven una relación tóxica?

R. Ellas ya conocen la teoría. Saben lo que es una relación sana y una que no lo es. Pero tienen dificultad de pasar a la práctica. Es muy importante que interioricen que los celos no son una demostración de amor. Hay que deconstruir esta asociación. Se deben realizar trabajos largos con estas chicas. No basta con un taller de dos horas.

P. ¿Cómo prevenirlo?

R. Hay que educar la autoestima; educar en el empoderamiento (que se sientan capaces y no menos que un hombre); cuestionar determinadas películas y comentarios fuera de lugar; mostrar modelos de feminidad dentro de la familia que sean poderosos. Pero es fundamental que seamos coherentes con nuestro discurso.

P. ¿Y en relación con los chicos?

R. Hay que educar dentro de la masculinidad y del respeto; deserotizar el modelo de masculinidad del chulo. Hay que erotizar a los chicos que no se muestran socialmente como modelos atrayentes, pero que son con quienes se puede contar, que son amigos, con los que uno está a gusto contándoles sus problemas. Hay que cambiar esta mentalidad, para que ellas vean atractivo a este chico y no al malote.

P. ¿Cuáles son, a grandes rasgos, las consecuencias de la violencia de género?

R. Vienen en tres bloques. En primer lugar, tenemos los problemas de salud. Suelen estar relacionados con la baja autoestima, la ansiedad y el estrés. Muchas chicas tienen trastornos estomacales, temblores y desmayos. También ven afectada su salud por las interrupciones voluntarias del embarazo o por tomar con frecuencia la píldora del día después, una vez que sus novios rechazan de modo habitual el uso de preservativos. En segundo lugar, están las consecuencias educativas. El rendimiento académico cae y muchas repiten curso porque con todo lo que están viviendo no son capaces de centrarse en los estudios. Y, en tercer lugar, el efecto social. Muchas chicas son cuestionadas por sus iguales. Los cuestionados no son los agresores. Eso hace que sientan peor todavía. Además, por todo el control que sufrieron por parte de sus parejas, acaban aisladas sin amistades. Cuando rompen con el chico, tienen que volver a crear un mundo social.


Descárgate el reportaje completo: Novios Tóxicos

Enlace al artículo en la web de XL Semanalhttp://www.finanzas.com/xl-semanal/magazine/20160501/novios-toxicos-9736.html

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.