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Hipersexualización de la sociedad: dos artículos relevantes

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Reproducimos hoy dos artículos: “Cuando la pornografía sustituye la educación sexual” y “Qué es una chica y para qué sirve”. Ambos artículos nos ponen delante de nuestra mirada elementos que fomentan la hipersexualidad en la sociedad y que contribuyen de un modo eficaz a la violencia sexual, en los adolescentes y en la sociedad. Una violencia que es..¡violencia machista!. Ya nos hemos referido a la “Hipersexualidad en la sociedad”. Si volvemos sobre el tema es porque consideramos de gran importancia la formación en la igualdad -formación real y verdadera, y no sesgada por el pensamiento machista-. También porque consideramos que “la formación sesgada de la sociedad” contribuye poderosamente a la violencia de genero, a la violencia machista.

Cuando la pornografía sustituye la educación sexual

La popularización de Internet provoca un cambio en la manera de relacionarse de los adolescentes a nivel afectivo y sexual.

A los adolescentes urbanitas de los ‘90 no les dejaban entrar a las discotecas con zapatillas. Esperaban a las puertas con sus náuticos y sus botas de cordones la bendición del portero de turno. Tampoco sin el carné de identidad. Eso si tenían la edad, porque muchos se pasaban el DNI del decano del grupo con la esperanza de no quedarse fuera mientras el resto cantaba a pleno pulmón el Zombi de los Cramberries. Hablamos de una época sin acceso a internet, sin tabletas, sin móviles y, en muchísimas casas, sin un PC, esa rara avis que arrebató el corazón de los más frikis de la clase pero que no todos los hogares podían permitirse. Aún.

Por aquel entonces era difícil imaginar que pocos años después aparecerían plataformas como YouTube, Facebook o Tuenti que cambiarían la forma de relacionarse para los jóvenes de generaciones venideras. También de ligar y de tomar contacto con el sexo. Estrenado el siglo XXI los adolescentes ya no tenían que descifrar entre líneas el porno codificado del Plus ni conformarse con las fotografías de la revista del vecino o las que años antes se descargaban a ritmo de los routers de 56kb. La popularización de internet y de los nuevos dispositivos tecnológicos que llegaron con el cambio de siglo ya les abría el camino hacia un mayor (y más rápido) acceso a contenidos sexuales y pornográficos, y con ellos a un cambio en la manera de relacionarse también entre ellos a nivel afectivo y sexual.

Expuestos a la hipersexualización y a los estereotipos

“Todos llevamos un smartphone en nuestro bolsillo. La información está a nuestro alcance en milisegundos y cualquier cosa que podamos hacer la logramos mucho más rápido, de forma más sencilla. Esto es así a la hora de obtener información sobre cualquier tema, de comunicarnos entre nosotros y, por supuesto, para “hacer el bien y hacer el mal””, explica Nayara Malnero, psicóloga, sexóloga y autora de ‘Sexperimentando’: aprende y disfruta’ (Planeta), para quien ya no es sorpresa que cuando en cualquier clase de Educación Secundaria pregunta “¿Cómo se liga?” siempre haya alguien que responda: “Por Instagram”.

Vivir en una sociedad tan tecnológica como la actual, hace inevitable que todos los adolescentes tengan un acceso ilimitado a la red. Con las ventajas que esto conlleva pero también con sus riesgos porque para Malnero el quid está en cómo encaja esa democratización de la tecnología con la hipersexualización en la que estamos inmersos. “Nuestro entorno hipersexualizado utiliza la sexualidad como medio de venta, como medio de humor y pocas veces como medio de educación o aceptación. Todos creemos saber mucho de sexo, todos nos exponemos (o somos expuestos) a situaciones sexualizadas y, sin embargo, muy pocos contamos con los recursos suficientes (información, habilidades, seguridad en nosotros mismos) para afrontarlas”, se lamenta.

Según la autora de ‘Sexperimentando’, esa hipersexualización también tiene como consecuencia un adelanto en el interés por el sexo: “Los niños cada vez preguntan antes y, por supuesto, también encuentren las respuestas antes. Y obviamente en Google no siempre encuentran las más adecuadas”. Y si no se lo preguntan da igual, porque a la temprana edad de 9 años un elevado porcentaje de niños ya ha tropezado accidentalmente con contenido para adultos mientras navegan por la red.

Contenido que distorsiona lo que es el sexo y que enquista estereotipos de género y prácticas sexuales violentas no consentidas. Lo sabe Mar Cubero, psicóloga y coordinadora de Sin Género de Dudas, un proyecto de prevención de la violencia sexual y de género en adolescentes desarrollado por la Fundación para la Convivencia ASPACIA, quien se muestra preocupada no solo porque los jóvenes cada vez consuman porno antes y tengan un mayor acceso, más rápido, libre, y “con mucho menos filtro” que otras generaciones anteriores, sino por el modelo de relación que se les está trasladando. “Nos encontramos en los talleres que hacemos con adolescentes con relatos de parejas adolescentes en los que las chicas no entienden por qué se enfrentan a la violencia sexual por parte de sus compañeros; y en los que ellos verbalizan con normalidad que es que “eso es lo que les gusta”. El porno traslada un modelo de relación desigualitario en el que la mujer cumple una función de objeto sexual disponible para el hombre y se perpetúan los estereotipos de género llevados al extremo: el hombre es el que tiene el deseo sexual permanentemente y la mujer quien responde a ese deseo masculino. Esto al final hace que las primeras experiencias de los adolescentes estén muy marcadas por esa idea”, explica Cubero.

La ciencia ficción de la sexualidad humana

“Al porno yo lo llamo ciencia ficción de la sexualidad humana”, se queja con humor Nayara Malnero. Para la autora de ‘Sexperimentando’ el problema está en que no existe una apuesta fuerte por la educación sexual en nuestro país, ni por parte del sistema educativo ni tampoco en la mayoría de las familias. “Según un estudio del portal pornográfico Pornhub la gran mayoría de los niños ya han estado habitualmente en contacto con contenido pornográfico al llegar a los 11 años. Los jóvenes utilizan la pornografía como sustituto de la educación sexual y, aunque menos es nada, ¿te imaginas aprender a conducir basándote en cómo lo hace Bruce Willis en sus películas de acción? Pues esto es exactamente lo mismo”, añade Malnero, quien opina que somos nosotros, los padres, los que debemos contrarrestar esto “a través de la prevención, la educación, disponibilidad para lo que necesiten y la respuesta a todas sus dudas”. En definitiva, “crear un buen clima de naturalidad” para el diálogo.

En 2014 el taller con adolescentes Consent Cookies: A confidence-building workshop for teens de la educadora sexual Yana Tallon-Hicks, se hacía popular en muchas escuelas estadounidenses por el giro que le daba a sus clases: Tallon-Hicks centra sus talleres sexuales en la búsqueda de lo positivo del sexo, basándose en el sexo consentido y placentero, y no en la parte negativa ni en el miedo. En mayo de 2016 Yana fue invitada a hablar sobre su trabajo como educadora sexual en el TEDxVienna, donde abordó temas como la educación sexual moderna, la importancia del consentimiento y lo que la pornografía convencional agrega a la conversación para los jóvenes, planteando la cuestión que apuntaba Malnero de si el porno es nuestro “nuevo educador sexual”.

Por su parte Mar Cubero incide en la importancia de no tratar el sexo como un tema tabú, “ni por parte de las familias, ni de los colegios ni de la sociedad en general”, porque esto tiene una consecuencia directa en el consumo de porno en internet por parte de los jóvenes: “Yo no sé y como nadie me lo explica, lo busco en la red. Y lo que se encuentran generalmente es ese tipo de porno estereotipado que incita a la violencia sexual y a la desigualdad”.

Precisamente preocupada por el tipo de sexo que sus hijos pudieran encontrar en la red, Erika Lust, pionera del cine porno feminista, lanzaba a principios de año junto a Pablo Dobner, su marido, el proyecto The Porn Conversation, una serie de recursos para ayudar a los padres a dar un paso más en la temida charla de sexo con sus hijos y hablar abiertamente de porno con ellos. “Nuestra misión es brindarles a los adultos la oportunidad de ayudar a los niños y adolescentes a tomar decisiones inteligentes e informadas con respecto a la pornografía. Hoy necesitamos algo más que educación sexual en la escuela: necesitamos que los padres tengan una conversación pornográfica”, dicen desde la web del proyecto.

La web contiene herramientas en inglés, alemán, español e italiano divididas en función de la edad: menores de 11 años, de entre 11 y 15 y mayores de 15. A través de los recursos que Erika y Pablo ofrecen, los padres pueden tratar cuestiones como qué es el porno (“El porno no es, ni representa un sexo real”), o cuestiones afectivas y relacionadas con la importancia del consentimiento (“El sexo siempre es mejor cuando lo haces con alguien en quien confías y que te trata con respeto”)

Enlace al artículo originalmente publicado en El País por DIANA OLIVER

Qué es una chica y para qué sirve

En los tiempos de las políticas activas de igualdad hay una doble verdad porque la pornografía enseña que las mujeres están para ser usadas y que el placer de ellos se logra mediante el sexo con humillación, abuso y agresión.

La de la doble verdad es una posición filosófica que desde el medievo trató de hacer compatibles dos verdades opuestas: la de las religiones reveladas y las ciencias. Se atribuyó al filósofo musulmán Averroes, y no deja de ser a la que recurrió Galileo cuando declaró ante un tribunal que era imposible que la tierra se moviera (verdad religiosa) mientras susurraba “pero se mueve” (verdad científica). Nuestra tradición laica hace tiempo que resolvió el problema de las dos verdades contrapuestas. En los colegios se aprende la ley de la gravedad y la teoría de la evolución. Y los creyentes tienen espacios para sus creencias en público, pero, sean estas las que sean, tienen que examinarse de Física y Filosofía.

Esto viene al caso porque parece que nuestra sociedad convive ahora con dos verdades opuestas respecto a lo que es una chica y lo que se puede hacer con ella. Y esto es lo que nos ha revelado la reciente sentencia del juicio de La Manada. Es como si en el mundo oficial, del que hay que examinarse públicamente, se mantuviera un discurso igualitario, pero en algún sitio se aprendiera otra verdad que todo lo inunda. Pero que nadie quiere hacer explícita. A nuestra sociedad se le llena la boca con la palabra igualdad. Todo el mundo declara que es un valor importante, muy importante. Y, una vez dicho esto y tras entonar con más o menos gracia el mea culpa —no hago lo suficiente por la igualdad—, parece que el acuerdo es: ¡ale!, a vivir que son dos días.

En el mundo oficial se mantiene un discurso igualitario, pero otra verdad lo inunda todo

A jugar, que es muy educativo, y toma, un tocador de maquillaje para la niña y la espada láser de Darth Vader para el crío. Y si murmuras algo, toma respuesta: “Bueno, mujer, no seas rancia”. Como ahora ya hay igualdad, o ya la apoyamos, ya podemos dedicarnos a cultivar el rosa y el azul. Al grito de “yo les he educado igual”, encontramos un mundo en que ya no hay patinetes, ni estuches, ni bicis ni carteras. Hay carteras de “niñas” y carteras de “niños”. Hasta las reglas y las gomas de borrar tienen hoy princesas o piratas. En los tiempos de la “igualdad formal” y las políticas activas de igualdad se marca a sangre y fuego la diferencia. Y de esto se ha de encargar el mundo de la cultura, el mundo de la creación que es ni más ni menos aquel en que se forjan nuestros sueños y el sentido de nuestra vida. Y donde nada es lo mismo para una niña que para un niño. Salvo las matemáticas y cía. El currículo oficial sí es el mismo, pero el sentido de la vida se va forjando en el “currículo oculto”.

Tampoco parece suficiente con que haya dos ontologías, la rosa y la azul, en algún momento nuestra sociedad tiene que enseñar a los diferentes que además son desiguales. Que hay un primer sexo y un segundo sexo. Y acudimos a otro gran filósofo francés para recordar por qué y para qué existen el poder y la dominación: “Hacer que nuestras vidas sean fáciles y agradables, estas son las funciones de las mujeres en todo tiempo y lugar y para lo que deben ser educadas las niñas desde la infancia”. Simplemente genial, es Rousseau. Pocas veces alguien ha expresado tan bien para qué se quiere y se tiene el poder.

¿Dónde se enseña a los chicos que ellas están, en el fondo, para “que sus vidas sean fáciles y agradables”? En este mismo diario hemos leído interesantes reportajes sobre el papel de la pornografía en la educación sexual de los adolescentes. Queremos plantear aquí que también lo tiene en el aprendizaje de la “doble verdad” de lo que es una chica y para lo que sirve. Primera verdad: una chica es la que se sienta a mi lado, mi igual absoluta. Segunda verdad: es también el cuerpo, los trozos de cuerpo que se me ofrecen en la infinita red de portales de pornografía. Guarras.com, cerdas.com, muyzorras.com, babosas.com. Cuerpos a los que tienen derecho a acceder para su placer. Y que es la propia sociedad la que se las pone ahí, en bandeja, en teclado.

Los vídeos más visitados muestran chicas sufriendo o pasándolo mal en la relación sexual,

¿Qué enseña la pornografía? Por ejemplo, que las chicas están ahí para usarlas. Pongan en el buscador “porno / violaciones”. Y miren de frente cómo aprenden nuestros chicos esta otra verdad sobre lo que es una chica y lo que se puede hacer con ella. De todo: todo lo que no se les permitiría hacer si no hubiera sexo por el medio es aquí posible. Para empezar llamarlas cerdas, zorras, guarras y babosas. En esta sociedad sexualizada, pacata y vergonzosa casi nadie se atreve a criticar una práctica si hay sexo por el medio.

Y ellas, ¿qué aprenden ellas? Lo primero, un modelo físico y el mandato es depilarse sus partes sexuales. La pornografía actual, con protagonistas aniñadas, enseña que el vello púbico es sucio, poco higiénico, feo. Caramba con el empoderamiento. Y para quienes mantienen que la pornografía es ficción y no pasa del terreno de la fantasía vayan a enterarse sobre cómo y cuánto se depilan las jóvenes. Lo segundo, que están para dar placer, “para que las vidas de otros sean fáciles y agradables”. ¿Les informo de algo desconocido si les digo que los vídeos con más visitas son los que muestran a las chicas sufriendo o pasándolo mal en la “relación sexual”? Y ellos muy bien. Otro tema en el top ten del porno es el que resumimos: “Ellas inconscientes y ellos muy activos”. Vayan a verlo. De los 10 que salen al poner porno/violación en mi portátil tres son del tipo “chico viola a su madre mientras limpia”. Los de violar a la madre propia y a la hermana, no digamos ya la hermanastra, son también muy visitados. Tenemos los datos y la bibliografía.

El 8 de marzo pasado y el otro día tras la sentencia de La Manada, millones de personas hemos dejado un mensaje que dice “hasta aquí hemos llegado”. Si queremos erradicar la desigualdad tendremos que luchar contra sus causas. Y lo que se denomina pornografía es una de ellas. Porque lo que representa mayoritariamente no es el “acto sexual”, sino la humillación, el abuso y la agresión a chicas jóvenes como fuente de placer. Y todo bien accesible para niñas y niños con la edad del primer móvil. Ahora, que ya hay igualdad.

Ana de Miguel Álvarez es profesora titular de Filosofía Moral y Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.


Enlace al artículo original publicado en El País.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.

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