Hui en camisón y descalza. O eso o me mataba; hoy sonrío

julio 19, 2016 en Noticias por No más violencia de género

Escapó de casa con sus dos hijas para salvar la vida; proclama que se sale del infierno, pero reclama más apoyo institucional.

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Artículo original publicado en LAS PROVINCIAS el 10 de Julio de 2016. | VALENCIA.

Inés en realidad no es Inés. Es un comienzo clásico en las historias de pesadillas de malos tratos. La víctima que prefiere omitir su nombre. Pero en realidad esta historia es un sueño. O quizás un mal sueño con final feliz. Aunque tuviera que salir de casa de noche, corriendo y llevándose a su hija. «Hui en camisón y descalza. O eso o me mataba». Aunque la amenazara en plena calle con una navaja y le exigiera dinero para sus adicciones. Aunque la golpeara una y otra vez ciego entre alcohol y drogas. Aunque aguantara años y años el infierno, mientras él entraba y salía de prisión por mil y una andanzas. Así hasta 18 años de condena. Aunque quebrantara hasta dos veces la orden de alejamiento. Aunque hoy aún atesore en el bolso el botón de telealarma, fruto del miedo de verlo no hace mucho, demasiado cerca, esperándola en una boca de metro. «Yo siempre veo el lado positivo. Y ese es el mensaje que quiero trasladar. Hoy sonrío».

En realidad ella perdió el juicio. Otra vez el miedo tuvo la culpa. «Fui tonta, sólo denuncié lo que ocurrió aquella mañana de junio. No quería perjudicarle demasiado, tenía miedo de que si contaba mucho entrara en la cárcel y al salir me matara», reconoce en la terraza de un bar de un pueblo de Valencia cualquiera. Pero, tras su denuncia en 2008, la condena por violencia de género acabó cayendo sobre su pareja por quebrantar de manera continuada la orden de protección de Inés.

La valenciana hace hincapié en el mucho apoyo alrededor que necesitan las maltratadas para denunciar. Ella se sintió en el centro de acogida como en casa. «Se cerró la puerta y me olvidé de todo». Cuando escapó de casa en camisón y pasó un día entero en la comisaría, los policías trataron a sus niñas como si fueran sus hijas. «Todo el rato con ellas, sacándoles cosas de la máquina de comida.». Cuando la funcionaria de un juzgado demostró una implicación que muchos compañeros no exhiben en forma de sensibilidad y cercanía con las víctimas. «¿Estás seguro de que quieres hacer eso?», le dijo la funcionaria cuando Inés acudió a retirar la denuncia por la amenaza con una navaja. En la puerta la esperaba su agresor. «Vamos, bonita, ahora quitas la denuncia», le dijo minutos antes tras abordarla en la calle. Y acongojada fue al juzgado.

Sus dos hijas fueron su combustible, el aire con el que llenó los pulmones de su lucha para seguir adelante. La más pequeña de las dos aguarda en la biblioteca leyendo mientras su madre hace esta entrevista. «Esta leyendo un libro de Derecho, ‘para que no les pase lo mismo a otros niños, mamá’, me dice». Inés destaca que en la Comunitat se pusieran hace un año en marcha talleres psicológicos para atender a los hijos de víctimas de malos tratos. «Antes no existían», lamenta. Una vez fuera del túnel, sus hijas siguen siendo sus principales valedoras. «La pequeña me dice que no me esconda, que salga y cuente mi historia».

Trabajando a los 15 días

Inés no entiende cómo nadie, ningún partido ni institución, coge como bandera algo tan necesario como «que haya una asignatura de violencia de género en los colegios, que no tenga que ir yo a contárselo, que sólo se sabe lo que es violencia doméstica cuando hay una muerte».

En su pelea por salir del túnel fue crucial un aspecto: a las dos semanas de su denuncia estaba trabajando. E Inés hace un llamamiento. «Las empresas deberían estar más concienciadas para contratar a mujeres maltratadas. El trabajo nos motiva muchísimo y ayuda a salir adelante, además del enorme impedimento que supone depender económicamente del agresor».

Una de las quejas de los letrados es la dificultad de impulsar a un juzgado para que investigue un maltrato psicológico o violencia habitual. Muchos se ciñen a hechos puntuales no a algo prolongado en el tiempo y complejo de demostrar. «Y duele más el daño psicológico que los golpes». Inés lo sabe. Pero sonríe. Al final se sale.


Cortesía de Las Provincias y de Arturo Checa, puedes descargarte el PDF de la noticia completa en su edición impresa del domingo, 10 de Julio de 2016. Desde aquí queremos agradecer a Las Provincias su colaboración y trabajo periodístico, dando visibilidad a la lacra de la violencia de género y por tanto, sumando contra la misma.

Enlace a la noticia en la web de Las Provincias«Hui en camisón y descalza. O eso o me mataba; hoy sonrío»

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Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.