Candidatos, candidatas y viceversa

junio 14, 2016 en Artículos, Opinión por No más violencia de género

Por SUSANA GISBERT GRIFO

Violencia-de-Género

El día de la Marmota. Otra vez elecciones, otra vez campaña electoral, la enésima en poco tiempo. Si es que en algún momento hemos dejado de estar en campaña en los últimos dos años, que lo dudo mucho. Y otra vez me temo que más de los mismo. Y no solo en programas electorales y promesas miles.

De nuevo ni una sola mujer entre los candidatos a presidente de gobierno. De nuevo unas listas que, aunque se disfrazan de paridad, continúan con los mismos clichés de antaño. Y ahí seguimos. Probablemente porque así sea la sociedad, por más que queramos creer otra cosa.

Veamos si no un ejemplo. Hace apenas unos días corría en redes sociales la noticia -o mejor, la no noticia- de que el equipo que lideraba la liga de fútbol femenina había convocado una rueda de prensa y no había acudido nadie. Ningún medio, especializado o no, quiso hacerse eco de hazañas balompédicas si eran mujeres quienes las protagonizaban. Sin embargo, tuvo amplia repercusión la victoria, en su propia y distante liga, de un equipo danés sólo porque sus protagonistas se desnudaron para celebrarlo. Un claro ejemplo de cómo funcionamos, como lo fue también la publicación de un artículo que comentaba si eran más monas las mujeres de los futbolistas de un equipo que las del equipo rival, como si eso fuera algo importante. O quizás realmente se lo parezca a algunos, lo que es todavía más descorazonador.

Y, por supuesto las políticas no podían escapar de todo eso. Ya asistimos ojipláticos a las declaraciones de un académico de la RAE que enviaba a Ada Colau a vender pescado, a otros que pretendían insultarla comparándola con quienes friegan suelos o a las pintadas que llamaban «Zorra» a Begoña Villacís o los comentarios sobre si se había puesto o no fondona. Cosas que traían a la memoria otros momentos, como cuando se criticó a Carme Chacón por vestir un look masculino para un acto oficial o, todavía más atrás en el tiempo, cuando se puso de vuelta y media a Clementina Ródenas por asistir sin medias a la exaltación de la Fallera Mayor de Valencia, allá por principios de los noventa. Como si el Ministerio del Tiempo nos hubiera llevado en un viaje exprés en busca del gen machista que se debió quedar en el ADN de nuestra cultura y que no hay modo de extirpar.

No avanzamos. O no al menos todo lo que deberíamos. Se utiliza con las mujeres una vara de medir totalmente distinta a la de nuestros homónimos varones. Jamás leí que a ninguno se le facturara a oficios domésticos como insulto ni que se derramaran ríos de tinta acerca de si su corbata y sus calcetines hacían juego o su alopecia se estuviera acentuando. Ni creo que lo lea. Sin embrago, me temo que seguiré leyendo otras cosas, visto lo visto.

Y si no, que me expliquen. Porque, ni siquiera comenzada oficialmente la campaña, ya leo sobre las féminas candidatas a diputadas acerca de si son o no seductoras, con una indudable referencia a su aspecto físico. Al igual que, aunque se ha planteado un debate solo con mujeres, en principio se programó en un horario tan accesible como la madrugada de un día laborable. Como si tuvieran que darnos un premio de consolación para que cerremos la boquita, como un viejo guiño a eso de «calladita estás más mona».

Pero mucho cuidado. Como se anime esa tendencia, me veo asistiendo a un nuevo formato de programa, «Candidatos, candidatas y viceversa» en que los elegibles estén en un reality mostrándonos cómo se desenvuelven en sus citas y cuánto bótox y cuánta silicona es capaz de aguantar su cuerpo serrano. No crean, que seguro que a alguien ya se le ha ocurrido. Aunque puestos a elegir, yo los mandaría a una isla desierta y me plantearía muy seriamente si envío el barco para que les recoja. Pero aún hay más. Parece que a las mujeres suelen asignársenos los temas llamados «sociales», casi como si fueran las «marías» de ese examen que nos ha tocado al repetir curso y tener que volver a las urnas. Que queden para los señores esas cosas sesudas de economía que son lo que realmente parece que importa. Y no lo digo yo, que no hay más que echar un vistazo al último barómetro del CIS para ver que la igualdad o la Violencia de Género preocupan poco o nada a los españolitos de a pie.

Creo que el tema está desenfocado. No hay temas de mujeres ni de hombres. O no debía haberlos. Parece que la igualdad solo nos interesa a nosotras, y casi tenemos que dar las gracias porque nos dejen estar. Y olvidamos que la igualdad es -o debería ser- una aspiración de todos, porque una sociedad igual es una sociedad mejor para todos. Nadie debería votar en función de la altura de los tacones que calce la candidata, por más que pueda llevarlos de más de diez centímetros si así es de su gusto. Porque la igualdad no lleva a quitarnos los tacones, sino a poder elegir si queremos o no llevarlos en cada momento. Y, por supuesto, a que los lleven ellos también, si lo tienen a bien. ¿Por qué no? Quizá el día que eso llegue empecemos a avanzar. Aunque la meta solo se alcanzará si, llegado ese día, nadie hablara de ello. Cuán largo me lo fiáis. ¿O no?

Susana Gisbert Grifo es fiscal.

Artículo publicado originalmente en el diario El Mundo. 

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.