El Silencio, por Cristina Ruiz Cortina

octubre 17, 2014 en Opinión por No más violencia de género

Extraordinario artículo por Cristina Ruiz Cortina, que publicó en su blog la semana pasada y que hoy aquí os transcribimos completamente y que vale la pena cada palabra para leer hasta el final.

niñas el silencioNo se cómo empezar esta nota. Cómo hablar de lo que llevo dentro. Pero el caso es que me veo impelida y arrastrada a romper el silencio de la parte de la historia y de la estadística que me corresponde como mujer.Dicen que 62 millones de europeas han sufrido violencia machista o algún tipo de acoso sexual. Dicen además que tres de cada cuatro mujeres no denuncian.Las mujeres europeas, seguimos teniendo miedo.

Empiezo con esta nota porque me indigna no solo el tratamiento judicial y mediático que se ha dado al caso de la chica violada en la feria de Málaga (ese aborto de felicidad alcoholizada que es hoy), sino porque he tenido que escuchar decenas de comentarios de hombres y de mujeres, aunque mayoritariamente de hombres que me han hecho sentir muy mal.

Mitos violencia contra la mujerY he comprendido por qué mi madre se decidió por el silencio. Yo tenía 17 años. Trabajaba durante el día en un colegio y por las noches acababa un bachillerato que había interrumpido a consecuencia de una enfermedad. Una noche de marzo salí del instituto y sentí el aroma de la temprana primavera que trae el azahar y una cierta calidez en el aire. No quise coger el autobús, podría llegar a casa andando en 20 o 25 minutos. Casi todo el camino era por el centro de la ciudad, pero nuestro bloque quedaba entonces en un lugar un poco apartado y enfrente de un parque que en aquéllos tiempos estaba rodeado de una tapia y permanecía oscuro. Yo llevaba puesto un abrigo de paño grueso que aún recuerdo perfectamente porque fue decisivo para la derrota del agresor. Él me siguió desde el centro de la ciudad. No sé cuándo comenzó a seguir mis pasos, solo que yo los comencé a escuchar cuando el ruido de la ciudad se iba amortiguando a medida que me alejaba del centro y me acercaba a mi casa. Apenas pasaban coches. Yo venía del instituto cargada de libros y cuadernos. Nada más inocente. El portal estaba al fondo de un pequeño jardín donde habían crecido unos ficus enormes. La oscuridad fue su mejor aliado. Me amordazó, me tiró al suelo, se me tiró encima. Me hizo mucho daño. Solo en un despiste que liberó mi boca pude gritar y gritar y el hombre aquel salió corriendo y me dejó en el suelo, los libros desparramados, el abrigo como un armazón, el pelo revuelto, la cara arañada. Me levanté y salí corriendo detrás de él para matarle. Y lo hubiera hecho. Pero un minuto después me invadió un miedo inmenso, un sentimiento de fragilidad y de vulnerabilidad que me hizo volver de inmediato. recoger mis cosas, entrar en el portal, subir en el ascensor, entrar en la casa y solo después de un rato, mientras cenábamos, comencé a llorar y llorar y no sabía ni cómo explicar lo que me había ocurrido ni por qué. Sentía mucha vergüenza.
Mi madre indignada dijo que lo denunciaríamos. Pero al día siguiente ella optó por el silencio. Me protegió a su manera de una sociedad que lo primero que hacía era sospechar de las mujeres que sufrían acoso o violaciones y que luego lo utilizaban como chascarrillos baratos. Me iba a recoger todas las noches, me obligó a sacar el carnet de conducir en cuanto tuve la edad, pero mantuvo un silencio que hizo crecer en mi un sentimiento de culpa que me acompañó mucho tiempo. Y un miedo descomunal y paranoico.
En aquélla época una mujer sola era, sin más, una búsqueda de problemas. Así era como lo entendía la sociedad machista donde crecí. Tuve que renunciar a caminar sola o a ir a leer sola al parque que había enfrente de mi casa, y lo peor es que aún se me repite en sueños el trozo de camino aislado que separaba mi casa del centro bullicioso y animado.

sap sombraPero voy a ir más atrás en el tiempo. Entonces yo tendría 9 años. O quizás solo ocho. Mis hermanas mayores nos sacaban de vez en cuando de paseo a los pequeños. Salían con sus amigos y los pequeños íbamos y nos invitaban a un helado en la plaza del Arenal o a alguna chuchería para que nos mantuviéramos callados mientras ellas coqueteaban con sus amigos. Lógico. A mi me colgaban las piernas de las sillas de la heladería. Una de mis hermanas tenía un amigo muy guapo, hijo de un terrateniente de la ciudad que venía a casa con mucha frecuencia. En realidad a mi me da la impresión de que los amigos de mis hermanas mayores pasaban media vida en la casa nuestra. Un cinco de enero nos llevaron a ver la Cabalgata de los Reyes Magos. Había mucha gente en la calle y nos quedamos cerca de la casa de este amigo. Su padre bajó y se acercó al grupo. “Ven aquí” me dijo; “aquí se ve mejor”. El hombre me hizo un hueco a su lado, se arrimó a mi aprovechando el bullicio de la gente y al cabo del rato me cogió la mano y me la llevó a su bragueta. Yo pude escabullirme y buscar refugio al lado de mi hermana que seguía riendo y que no atendió mi petición para que no fuéramos a casa de ese hombre a tomar un refresco después de la cabalgata. Pero yo tampoco sabía ni quería explicarlo. Era demasiado pequeña para saber qué era lo que me había producido asco y turbación, qué era lo que me daba miedo que volviese a ocurrir en esa casa.

Ese hombre era conocido en Jerez. Muy conocido, perversamente conocido. Pero en aquélla época no nos salvábamos ni las niñas. Y en ésta me temo que tampoco. Al menos no en la mayor parte de este mundo. En aquélla época las conquistas de mujeres eran como las conquistas de las tierras: botín de guerra. Y el dolor, el miedo, la angustia era algo que se tenía que superar lo antes posible.
Pero hoy, en todas partes y cada día hay un abuso sexual, una violencia contra una mujer.
No es un hecho aislado. No.
No es que lo vayamos buscando. No.
No ocurre solo a según qué tipo de mujeres. No.
No me valen argumentos tan manidos y tan estúpidos. No.
violencia de genero informe cgpjLa violencia machista es mucho más extensa de lo que pensamos. La mayor parte de las mujeres la hemos sufrido alguna vez y no solo no lo denunciamos, sino que no lo hablamos. Es un hecho estructural que comienza en la publicidad, sigue en las películas, se reproduce en los “Princelandia”, sigue en el trabajo y hay cientos de comportamientos – a veces reproducidos por las mismas mujeres – y comentarios que siguen culpabilizando a las mujeres. No conozco a la chica violada en Málaga ¿Alguien la ha oído hablar?, ¿ha habido alguna opción de defensa? Pero la van a condenar una vez que se ha impuesto el silencio sobre su violación. Cuanto menos el caso se cerró tan rápido que dudo que se hayan respetado las garantías legales. Pero en todo caso ¿quiénes eran los testigos?. Recordemos que hace poco el gobierno ha indultado a un guardia civil que grabó con su móvil una agresión sexual, en lugar de socorrer a la víctima y detener al agresor.
No es un hecho puntual.
¿Por qué no hablamos todas de una vez para que, al menos, se conozca la magnitud de la brutalidad machista que sobrevive en este país?

Por Cristina Ruiz Cortina.

Enlace al artículo en su blog.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.