Elegancia, por Susana Gisbert

julio 17, 2015 en Opinión por No más violencia de género

generos-publicidadEn un lugar de esta tierra, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía alguien que medía la elegancia por la cantidad de piel que las mozas dejan a la vista.

Perdóneseme el parafraseo quijotesco, pero al leer la noticia a la que aludo, me sentí transportada a los tiempos del Hidalgo de la Mancha, y me contagié de ese modo de hablar. Porque la cosa no es para menos. Que en pleno siglo XXI se oigan algunas frases de personas teóricamente formadas y educadas, da que pensar. Y mucho.

Dijo el hombre, como si de una broma se tratase, que las mujeres estamos más elegantes cuanta menos ropa llevemos, exactamente lo contrario que les pasa a los hombres. Ahí queda eso. Y ojo, que semejante perla no fue soltada en una glamurosa fiesta cinematográfica, ni en un pase de modelos, sino en un acto organizado para homenajear a estudiantes que destacaron en la Selectividad. Hombres y mujeres, por descontado, que destacaron por su cerebro y por su esfuerzo, no por el género al que pertenecen, ni mucho menos, por la ropa que llevaban -o no llevaban- puesta.

La cosa pareció escandalizar a más de uno y el inspirado orador se apresuró a pedir disculpas, en unas declaraciones de ésas que hacen bueno el dicho de que “es peor el remedio que la enfermedad”. Y es que la culpa la tenía el calor, que todo lo lía. Que nos lo digan si no a los valencianos, que de caloret sabemos un rato.

Pero no es eso lo malo. Al menos, no es eso sólo. Lo peor es lo que subyace detrás de estas manifestaciones, que no es moco de pavo. Y que no es otra cosa que un mundo de roles de mujer y hombre que estamos lejos de superar. Y lo que nos queda.

Porque otros lo callan, pero lo llevan al terreno de los hechos sin empacho alguno. Piensen si no en retransmisiones de galas, o en programas de televisión. Nochevieja, sin ir más lejos, el punto álgido del glamur por antonomasia. Las mujeres luciendo vestidos imposibles que dejan más carne a la vista de la que tapan, mientras los hombres lucen esmoqin hasta el cuello y algunos hasta capa. Y ahí de caloret nada. Que pocas cosas hay más absurdas que una presentadora en pleno mes de Diciembre dando la campanada –en sentido literal- con los hombros al aire a pesar de que el termómetro se obstine en no sobrepasar los 0 grados.

Y así es siempre. Comparen, si no, la publicidad de relojes, de perfumes o de cualquier otra cosa, en su versión masculina y femenina. Salvo honrosas excepciones, nosotras necesitamos estar medio desnudas para saber la hora u oler bien, mientras ellos se avienen al huso horario o la fragancia adecuada con camisa, chaqueta y hasta pajarita. Fabuloso.

Así que, en vez de quedarnos en el despropósito del discurso en cuestión, miremos el fondo del mismo. Y no es otro que solo dijo lo que muchos piensan y, lo que es peor, ponen en práctica.

Aunque solo nos queda una pequeña venganza. Que haya que estar “elegante” en pleno mes de Julio y en mitad de la ola de calor. Al menos, una pequeña ventaja.

Estoy por recomendar a todas las que llevéis in mente eso de casaros que lo hagáis en pleno verano. Y así esos que miden la elegancia por centímetros de piel visible se achicharrán vivos si quieren presumir de machos.

@gisb_sus

Artículo publicado en Informa Valencia.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.