La pensión compensatoria en el divorcio

marzo 14, 2014 en Opinión por No más violencia de género

por José A. Burriel, presidente de la Asociación No Más Violencia de Género “José Antonio Burriel”

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Introducción: Código Civil

El artículo 97 del Código Civil establece: “El cónyuge al que la separación o el divorcio produzca un desequilibrio económico en relación con la posición del otro, que implique un empeoramiento en su situación anterior en el matrimonio, tendrá derecho a una compensación que podrá consistir en una pensión temporal o por tiempo indefinido, o en una prestación única, según se determine en el convenio regulador o en la sentencia.

A falta de acuerdo de los cónyuges, el Juez, en sentencia, determinará su importe teniendo en cuenta las siguientes circunstancias:

1.ª Los acuerdos a que hubieran llegado los cónyuges.2.ª La edad y el estado de salud.3.ª La cualificación profesional y las probabilidades de acceso a un empleo.4.ª La dedicación pasada y futura a la familia.5.ª La colaboración con su trabajo en las actividades mercantiles, industriales o profesionales del otro cónyuge.6.ª La duración del matrimonio y de la convivencia conyugal.7.ª La pérdida eventual de un derecho de pensión.8.ª El caudal y los medios económicos y las necesidades de uno y otro cónyuge.9.ª Cualquier otra circunstancia relevante”.

Y el Tribunal Supremo tiene abundante jurisprudencia al respecto.

Una muy reciente sentencia del Supremo me ha llamado la atención. Y he aprovechado la ocasión para desempolvar una sentencia de un tribunal australiano, modelo –al menos para mí- de sentido común y equidad.

El Supremo obliga a un divorciado a compensar a su ex esposa el tiempo dedicado a familia. Tendrá que pagar una pensión compensatoria de 400 euros al mes.

Según consta en la sentencia del Supremo [sentencia 90/2014; el Tribunal Supremo recoge la Jurisprudencia de las sentencias 19 de enero de 2010 y del 16nde julio de 2014] que resuelve el recurso de la mujer, ésta se ocupó tras casarse durante 21 años de sus tres hijos en exclusiva, después trabajó en periodos cortos en tareas de limpieza y en geriátricos, y luego se divorció tras 38 años de matrimonio. Ahora está jubilada con una pensión y tiene una discapacidad reconocida del 15%.

La Audiencia Provincial de Madrid le denegó la pensión compensatoria que reclamó a su ex marido al no apreciar “desequilibrio”. Entonces la Audiencia dijo que la pensión compensatoria no es un mecanismo dador de cualidades profesionales que no se tienen, argumento que rechaza el Supremo que afirma que ese prolongado tiempo de dedicación a la familia es el que determina que la pensión cotizada sea inferior, lo que exige la oportuna compensación.

La información proveniente de Australia da cuenta de un hecho real, sucedido en enero de 2003 en la Corte de la Familia de Sídney:

Se presentan ante el juez una pareja con sus respectivos abogados, ya que están en trámites de divorcio.

El abogado de la mujer reclama para ella (la mujer) el 50 por ciento de la venta de la casa -propiedad de los dos cónyuges- así como una pensión de por vida por la cantidad de 500 dólares que, según enumera, será para cubrir los gastos de electricidad, teléfono, y una pequeña lista de gastos mensuales.

El abogado del hombre protesta, alegando que el hombre no tiene ninguna obligación hacia su mujer, toda vez que los hijos son ya mayores de edad, están casados, y que ella bien puede ir a trabajar y mantenerse por sí misma y que ella nunca contribuyó a la manutención de esa casa, ni aportó ningún dinero para la compra de la misma. El juez escucha a ambas partes y se queda indeciso por un momento leyendo los documentos.

De pronto, se escucha a la mujer llorando y el juez le dice:

– ¿Qué le pasa señora?

– Señor Juez, yo creo que es cierto. Así que voy a aceptar la sentencia de divorcio sin ninguna obligación de parte de mi marido hacia mi persona. Después de todo, yo bien podría ser una mujer profesional e independiente.

El juez le pregunta:

– ¿Y por qué usted no se convirtió en una mujer profesional e independiente? ¿Hay alguna razón que se lo impidiera?

– Realmente, Señor Juez, no había ninguna, fueron decisiones tomadas por mí, voluntariamente.

– ¿Podría ser más explícita y enumerarme las razones que usted alega?

– Bueno, cuando me casé, yo acababa de graduarme de “High School” [educación media]. Mi intención había sido estudiar enfermería, pero no había dinero para pagar los gastos de dos personas estudiando, así que yo le dije a mi esposo que estudiara él y luego lo haría yo…

– Bien, ¿y qué pasó cuando él se graduó de ingeniero, por qué Ud. no estudió?

– Pues, verá, él me pidió que tuviéramos nuestro primer hijo, ya que llevábamos cinco años casados y aún no lo habíamos tenido.

– ¿Y qué pasó después?

– Nada, el niño nació, él no quería que el niño fuera cuidado por personas extrañas, y yo entendí que él tenía razón, que con lo que él ganaba nos podíamos arreglar, ya que él ganaba muy buen sueldo. Así que decidí quedarme en la casa con nuestro hijo.

– ¿Y qué sucedió luego, cuando el niño creció, por qué no estudió?

– Nada, que ya para entonces tenía dos hijos más…

– ¿Dos más?

– Sí, es que verá. Cuando tuvimos el primer hijo, mi esposo me dijo que debíamos tener un segundo para que el niño no se quedara sin hermanos, así que tuvimos el segundo tres años después, pero era otro varón…

– ¿Y…, qué tenía eso que ver…?

– No, no había ningún problema, estábamos muy felices, pero mi esposo me dijo que para que la felicidad fuera completa, debíamos tratar de tener una niña…

– ¿Y…?

– Pues cuando el segundo hijo tenía ya 4 años, quedé embarazada y tuve a la niña…

– ¿Y entonces, por qué no estudió cuando ella creció?

– Porque no había quien llevara al mayor a las prácticas de pelota…, ni los llevara a la escuela, pues el autobús los dejaba muy lejos de la casa. Temiendo por su seguridad, mi esposo y yo decidimos que yo les llevaría a la escuela y les iría a buscar… Así las cosas, dejaba al mayor en “Junior High”, seguía con el segundo para la escuela básica y regresaba a la casa con la niña a preparar todo para la tarde. Cuando les recogía, dejaba al mayor en las prácticas de judo y al otro en las de football y seguía con la niña para las de ballet.

– Entonces, Ud. siguió posponiendo su educación…

– Sí, Señor Juez, lo hice por mi propia voluntad.

– ¿Y cuándo sus tres hijos se fueron independizando, por qué no regresó a estudiar?

– Para entonces la madre de mi esposo había enviudado, se enfermó y necesitaba de alguien que la cuidara, así que hablamos del asunto y llegamos a la conclusión de que no la íbamos a poner en un “nursinghome”, sino que la traeríamos a vivir con nosotros, ya que nuestros hijos ya no vivían con nosotros.

– ¿Y cuánto duró esta etapa…?

– Bueno, unos seis años. Ella tenía Alzheimer y como la cuidábamos tan bien, pues su decadencia no fue rápida, se tomó bastante. De hecho, murió de un ataque al corazón, después que llegamos del paseo que todas las mañanas dábamos por el barrio. Ud. sabe, a ella le encantaba darle de comer a las palomas en el parque…

– ¿Y mientras tanto, quiero decir, durante todos esos años, había alguien que le ayudara…?

– ¿Ayudarme…? ¿A qué…?

– Pues a limpiar la casa, cocinar, quiero decir, las labores normales de un hogar…

– No, realmente, mi esposo ganaba muy buen sueldo, pero figúrese, tres hijos que criar, educar, el costo de la vida cada vez subía más, yo trataba de ahorrar, pero…

– ¿Y cómo ahorraba Ud…?

– Pues, en lugar de llevar la ropa a la lavandería, yo lavaba en casa, planchaba la ropa de mi esposo y de los muchachos, arreglaba el jardín…, esto era lo que me costaba más esfuerzo, pues yo tengo problemas de la columna, pero siempre una hace su esfuercito y le aseguro que nuestro jardín no tenía nada que envidiarle al de los otros en nuestra calle.

– ¿Y quién cocinaba, Ud. también…?

– Por supuesto, mi esposo odiaba la comida de los restaurantes; como él tenía que almorzar fuera con sus clientes tantas veces, pues decía que nada como la comida que yo le preparaba…

– Y por supuesto, Ud. no iba a esas comidas.

– A qué comidas…?

– A las de su esposo con sus clientes…

– No, no tenía tiempo… Precisamente, fue en una de esas comidas que conoció a Patricia…

– ¿Patricia? ¿Quién es Patricia?

– Su “girlfriend”, la joven con quien se va a casar cuando terminemos el divorcio.

– ¿Y cómo sabe Ud. que se va a casar con ella?

– Porque me encontré con ellos en casa de unos amigos comunes el día que estaban dando la noticia de su compromiso.

El juez se quedó mirando a la mujer y al ex esposo. Se levantó, cogió las carpetas con todos los papeles y se retiró. Todos quedaron mirándose, alguno se encogió de hombros y se sentaron a esperar que regresara

Al poco rato, el juez regresó. Se sentó y se ajustó las gafas. Entonces, cerró las carpetas, las puso a un lado y dijo:

– Señora, yo he revisado cuidadosamente estas demandas. Y he llegado a las siguientes conclusiones: Primero, el divorcio se le adjudica con fecha efectiva a partir de hoy. Segundo, su esposo no tiene que pagarle una pensión.

Al oír estas dos decisiones, el abogado y el marido se miraron con inteligente regocijo. Pero el juez prosiguió…

– Tercero, Ud. se queda de dueña absoluta de su casa, del Mercedes Benz propiedad de su ex esposo, de la cuenta de ahorros y la de cheques, las cuales pondrá a su nombre inmediatamente y de las cuales él no puede tocar un centavo o lo tendrá que devolver; también la declaro beneficiaria absoluta de sus seguros de vida, de sus planes de retiro, y su esposo tendrá la obligación de seguir pagándole por su seguro médico hasta que Ud. muera. Mi decisión se basa en la suma de los sueldos como administradora, cocinera, chofer, servicios de lavandería y de jardinería, enfermera, etc., que usted prestó a su esposo, incluyendo hijos y suegra… Esta decisión es apenas una retribución parcial de salarios retenidos por los veintiséis años de servicios ininterrumpidos que Ud. ha prestado. Como hay que ser objetivos, sabemos que su esposo no podría pagar toda esa deuda, de ahí que pague lo que, si bien no es suficiente, será relativamente justo. Además, él pagará por sus gastos de educación, transporte y libros, si Ud. decide regresar a la universidad a estudiar la carrera que Ud. escoja.

Conclusión

Escribo este artículo el Día Internacional de la Mujer. Ese día en que se clama por el reconocimiento de la igualdad y dignidad de las mujeres. Y con el debido respeto a los tribunales, no siempre la Justicia así lo reconoce. En los textos reproducidos la mujer ve reconocidos su trabajo, su dignidad, su igualdad.

Artículo publicado en la revista digital Ojos de Hipatia: http://losojosdehipatia.com.es/socialpolitica/la-pension-compensatoria-en-el-divorcio/

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.