Las razones de la ley integral: más claro, agua

noviembre 17, 2014 en Artículos, Opinión por No más violencia de género

por José Antonio Burriel, presidente de la asociación No Más Violencia de Género “José Antonio Burriel”

 

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Es frecuente encontrarse con comentarios que hacen referencia a una posible discriminación respecto al hombre en el tratamiento penal de la violencia en el ámbito de las relaciones afectivas. Cuando estos comentarios provienen de un cierto desconocimiento de la legislación, nada que objetar, tan solo el recordar principios esenciales de esa legislación. Cuando esos comentarios proceden de la intención de desvirtuar -un tanto torticeramente- la finalidad ultima de esas leyes. la consecuencia efectiva de la igualdad y dignidad de la mujer como persona, tan solo un breve comentario: entiendo que el machismo intenta justificar sus acciones, pero afirmo con rotundidad que esas acciones hunden sus raíces en un pensamiento profundamente contrario a la dignidad e igualdad de todas las personas.

Y como no tenemos –ni como asociación, ni personalmente- intención alguna de soslayar las cuestiones que, a veces, se plantean, estas líneas.

  1. Cada vez que en los medios aparece una noticia sobre violencia de mujer hacia hombre, aprovechan los machistas para manipular y contra-informar, tergiversando datos con la intención clara de desvirtuar la finalidad última de la ley.
  2. Entiendo que sea un tanto farragosa la lectura de la Sentencia 59/2008 del Tribunal Constitucional, pero es definitiva respecto a este asunto. He aquí algunos de los párrafos definitivos al respecto:
  • La Ley Orgánica de medidas de protección integral contra la violencia de género tiene como finalidad principal prevenir las agresiones que en el ámbito de la pareja se producen como manifestación del dominio del hombre sobre la mujer en tal contexto; su pretensión así es la de proteger a la mujer en un ámbito en el que el legislador aprecia que sus bienes básicos (vida, integridad física y salud) y su libertad y dignidad mismas están insuficientemente protegidos. Su objetivo es también combatir el origen de un abominable tipo de violencia que se genera en un contexto de desigualdad y de hacerlo con distintas clases de medidas, entre ellas las penales.
  • La exposición de motivos y el artículo que sirve de pórtico a la Ley son claros al respecto. La Ley “tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia” (art. 1.1 Ley Orgánica 1/2004). Este objeto se justifica, por una parte, en la “especial incidencia” que tienen, “en la realidad española … las agresiones sobre las mujeres” y en la peculiar gravedad de la violencia de género, “símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad”, dirigida “sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”, y que tiene uno de sus ámbitos básicos en las relaciones de pareja (exposición de motivos I). Por otra parte, en cuanto que este tipo de violencia “constituye uno de los ataques más flagrantes a derechos fundamentales como la libertad, la igualdad, la vida, la seguridad y la no discriminación proclamados en nuestra Constitución”, los poderes públicos “no pueden ser ajenos” a ella (exposición de motivos II).
  • Tanto en lo que se refiere a la protección de la vida, la integridad física, la salud, la libertad y la seguridad de las mujeres, que el legislador entiende como insuficientemente protegidos en el ámbito de las relaciones de pareja, como en lo relativo a la lucha contra la desigualdad de la mujer en dicho ámbito, que es una lacra que se imbrica con dicha lesividad, es palmaria la legitimidad constitucional de la finalidad de la ley, y en concreto del precepto penal ahora cuestionado, y la suficiencia al respecto de las razones aportadas por el legislador, que no merecen mayor insistencia. La igualdad sustancial es “elemento definidor de la noción de ciudadanía” (STC 12/2008, de 29 de enero, FJ 5) y contra ella atenta de modo intolerable cierta forma de violencia del varón hacia la mujer que es o fue su pareja: no hay forma más grave de minusvaloración que la que se manifiesta con el uso de la violencia con la finalidad de coartar al otro su más esencial autonomía en su ámbito más personal y de negar su igual e inalienable dignidad.
  • La justificación de la segunda de estas diferenciaciones (de sujeto pasivo o de protección) está vinculada a la de la primera (de sujeto activo o de sanción), pues, como a continuación se expondrá, el mayor desvalor de la conducta en el que se sustenta esta diferenciación parte, entre otros factores, no sólo de quién sea el sujeto activo, sino también de quién sea la víctima. Debe señalarse, no obstante, que esta última selección típica encuentra ya una primera razón justificativa en la mayor necesidad objetiva de protección de determinados bienes de las mujeres en relación con determinadas conductas delictivas. Tal necesidad la muestran las altísimas cifras en torno a la frecuencia de una grave criminalidad que tiene por víctima a la mujer y por agente a la persona que es o fue su pareja. Esta frecuencia constituye un primer aval de razonabilidad de la estrategia penal del legislador de tratar de compensar esta lesividad con la mayor prevención que pueda procurar una elevación de la pena.
  • Con independencia ahora de que la configuración de un sujeto activo común no deja de arrostrar el riesgo de una innecesaria expansión de la intervención punitiva —pues cabe pensar que la prevención de las conductas de los sujetos añadidos no necesitaba de una pena mayor—, con una especificación de los sujetos activos y pasivos como la del inciso cuestionado del art. 153.1 CP no se producirá la disfuncionalidad apuntada si cabe apreciar que estas agresiones tienen un mayor desvalor y que por ello ese mayor desvalor necesita ser contrarrestado con una mayor pena. Esto último, como se ha mencionado ya, es lo que subyace en la decisión normativa cuestionada en apreciación del legislador que no podemos calificar de irrazonable: que las agresiones del varón hacia la mujer que es o que fue su pareja afectiva tienen una gravedad mayor que cualesquiera otras en el mismo ámbito relacional porque corresponden a un arraigado tipo de violencia que es “manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres”. En la opción legislativa ahora cuestionada, esta inserción de la conducta agresiva le dota de una violencia peculiar y es, correlativamente, peculiarmente lesiva para la víctima. Y esta gravedad mayor exige una mayor sanción que redunde en una mayor protección de las potenciales víctimas. El legislador toma así en cuenta una innegable realidad para criminalizar un tipo de violencia que se ejerce por los hombres sobre las mujeres en el ámbito de las relaciones de pareja y que, con los criterios axiológicos actuales, resulta intolerable.
  1. Es evidente que también existen actos de violencia de la mujer sobre el hombre en las relaciones afectivas. Pero los datos son mostrencos: son actos numéricamente muy, mucho, inferiores a los actos del hombre sobre la mujer.
  2. En todo caso, unos son actos que provienen de la concepción errónea de la superioridad del hombre sobre la mujer, y otros provienen de la criminalidad de una conducta.
  3. Ambos con condenables, y ambos reciben la sanción penal correspondiente. Y una pena que es superior –muy levemente superior-. Por el plus de desvalor que lleva consigo la acciones, tal y como remarca la sentencia del Constitucional

Y para terminar estas líneas recuerdo algo que siempre he sostenido: defiendo –y defenderemos-  toda acción dirigida a erradicar la violencia de genero hasta conseguir la plena igualdad. Y estamos –estoy- en contra de toda acción que atente contra la vida e integridad de cualquier persona. Perdón por la extensión del texto, pero era necesaria.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.