Machismo en plasma

febrero 9, 2015 en Opinión por No más violencia de género

machismo-en-plasmaPor Susana Gisbert.

Hace apenas unos días acabamos de conocer los inquietantes datos de un informe del CIS sobre la percepción de la violencia de género en los jóvenes. Y digo inquietantes porque las perlas que nos arroja en plena cara son para hacérnoslo mirar. Ni más ni menos que uno de cada tres jóvenes ven justificado que la pareja controle al otro, los sitios donde va, sus mensajes de móvil o en redes sociales y hasta la forma de vestir. También admiten con naturalidad que les impidan relacionarse según con quién, incluida su propia familia. Algo espeluznante. Y eso que prefiero no plantearme qué es lo que pensarán los otros dos jóvenes de cada tres.

Lo más grave es que del resto de los datos del estudio se desprende que ellos mismos se creen concienciados contra la violencia de género, ya que una abrumadora mayoría la condena sin paliativos. Faltaría más. Como si alguien en su sano juicio fuera a reconocer abiertamente que le parece bien apalizar e incluso matar a la mujer con quien se tiene o se tuvo una relación.

Pero precisamente ése es el problema. Que no saben lo qué es, ni mucho menos, de dónde viene, que no distinguen las señales aunque las tengan ante sus propias narices. Hasta que, como suele suceder, es demasiado tarde. Como hemos visto tantas y tantas veces cuando ese vecino dice ante la cámara de televisión, ansioso de morbo, que ese hombre al que acaban de detener por asesinar a su pareja era un chico estupendo, y que nadie se podía imaginar esto. Un momento estrella del vecino en cuestión, que disfruta de su minuto de gloria, y un momento estrellado del medio de que se trate, que hace un daño irreparable a todos esos jóvenes que lo ven desde los sofás de sus casas, y son los que luego responden a las encuestas.

Pero es que el machismo anda suelto en todas partes, y le dejamos campar a sus anchas sin siquiera llevarnos las manos a la cabeza. Porque de aplicar la ley, ni hablamos, que, créanlo o no, proscribe la publicidad sexista y los programas y retransmisiones de esa especie. Y el machismo, no lo olvidemos, es el germen que, una vez fructifica, da lugar a esos horrendos resultados que todos conocemos. Y ya sé que más de uno estará pensando que exagero, y que el hecho de que alguien sea machista no lo convierte en un asesino en potencia. Y por supuesto que no es así. No todas las actitudes machistas acaban en un asesinato, pero sin duda alguna todos los asesinatos dentro del ámbito de la violencia de género comenzaron con actitudes machistas, de ésas que a nuestros jóvenes de la encuesta le parecen justificables. Se lo aseguro yo, que de esto he visto un rato largo.

Y para ver, y escuchar, sobre machismo, no tenemos más que encender la televisión. Y nos bombardean con ello por tierra, mar y aire. Aunque apenas nos demos cuenta.

Por un lado, programas fastuosos donde alguien busca esposa, sea profesional del campo o sea una madre desesperada por librarse de su retoño. Y ellas se exhiben como mercancía a la vista de todos los fascinados televidentes, en una patochada que, encima, pretende ser graciosa. Eso sí, para intentar maquillarlo, introducen el elemento diferencial, pretendiendo ser políticamente correctos al colocar en tan espantoso mercadeo a alguna pareja homosexual. Como si con eso estuviera todo solucionado.

También está la versión supuestamente igualitaria, en que la búsqueda de pareja es recíproca, bien con ropa, o bien sin ella, y en donde los kilos de silicona y de musculitos tuneados es inversamente proporcional a la ausencia de neuronas.

Y, en los descansos, no podemos perder de vista la publicidad, donde las mujeres son felices porque no les cambian por otro su detergente o les traen del futuro una lejía insuperable, mientras ellos toman cervezas en el sofá. Y donde las niñas juegan con sus muñequitas y sus cocinitas, al tiempo que los niños salvan al mundo emulando a superhéroes.

Pero, para acabar de arreglarlo, está la guinda que corona el pastel. Ese espantoso programa líder de audiencia donde, no contentos con expresiones homófobas y racistas, tenemos que escuchar a una famosa por no hacer nada explicarnos que las mujeres no deben permitir que un hombre barra el suelo y lindezas similares. Y, así como a los que hicieron los desafortunados comentarios homófobos los expulsaron de inmediato, a la otra le ríen las gracias. Como le ríen también la gracia de no saber escribir con una mínima cultura, y maldita la gracia que tiene.

Y así no vamos a ningún lado. Bueno, sí, a continuar indefinidamente en una espiral de machismo que desencadene las peores consecuencias. Porque de nada sirve que nos pongan anuncios o campañas de prevención, ni siquiera que hagan programas supuestamente concienciadores, cuando éstos se emiten en horario de madrugada y el otro se hace en prime time. Pura hipocresía vaya.

Así que, o nos planteamos dar una vuelta a todo lo que el plasma nos escupe desde su caja boba, o, en el siguiente informe del CIS, puede que nos encontremos que ya son dos de cada tres jóvenes los que justifican determinadas cosa. O hasta tres.

Artículo publicado en Diario El Mundo, Comunidad Valenciana, el 8 de febrero de 2015.

Susana Gisbert es Fiscal especializada en Violencia de Género y portavoz de la Fiscalía Provincial de Valencia.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.