Prioridades, por Susana Gisbert

diciembre 18, 2015 en Artículos, Opinión por No más violencia de género

reloj-nomasvgNo he querido titular este artículo de una manera demasiado obvia. Más que nada, por despertar la curiosidad del lector y que se decida a seguir adelante con la lectura, o a abrir el enlace, antes de pensar que aquí está la pesada de siempre con el tema de siempre.

Ya estoy dando pistas. Pero asumo el riesgo. Me gusta vivir al límite, vaya. A ver si lo asume también el sufrido lector y continúa adelante. El mundo es de los valientes.

Pero es que mis entrañas no me dejar pasarlo por alto. Y se rebelan ante la posibilidad de escribir un artículo amable que cuente que llega la Navidad y las luces tiñen de alegría la ciudad, y el espíritu nos hace mejores, y hasta que el besugo, el cordero o el marisco están por las nubes. No puedo.

Porque la Navidad ha venido aderezada este año con ese regusto amargo y cansino que traen las campañas electorales, además de las campañas de recogidas de juguetes, que es lo que toca. Y en ello estamos.

Confieso que fui una de tantos españolitos que vi el famoso debate a cuatro. Y confieso también que fui una de las pardillas que esperaba sacar algo en claro. Vana ilusión. Más de lo mismo. Pero, de propina, saqué otra cosa: un cabreo monumental. Tendrán que seguir leyendo para saber la causa, aunque seguro que la van imaginando.

Esperaba que los debatientes dedicaran algo de su precioso tiempo a un tema tan preocupante como la violencia de género. Y en efecto, así lo hicieron. Durante 56 segundos, según midió una buena amiga, cronómetro en mano. Menos de un minuto a algo que ha segado la vida de más de 800 mujeres en los últimos diez años. Prácticamente la misma cifra de asesinados que sembró ETA a lo largo de toda su historia. Y eso sin contar las otras víctimas no incluidas en esa estadística, la de hijos u otros familiares o amigos también asesinados juntamente con la mujer, de lo que tenemos recientes y dramáticos ejemplos.

Pues bien, menos de un minuto dedicaron a ello, y además les pilló con el pie cambiado, como si no se hubieran preparado el tema porque no contaban con que saliera a la palestra. Y así les lució el pelo.

Pero llegó el otro debate, con otros contendientes. Y entonces parece que sí llegó el momento. Pero fue peor el remedio que la enfermedad. Y surgió una agria polémica sobre los conceptos de Violencia de Género e igualdad que no llevaron a ningún sitio, más que a copar las redes sociales de expresiones de aprobación o rechazo a los posicionamientos al respecto. Desolador.

Yo no me voy a pronunciar. De sobra sabe quién me conozca y quién me haya leído lo que pienso del tema. Pero sí voy a decir algo. El problema de los cientos de mujeres asesinadas no se resuelve desviando la atención hacia otras víctimas ni criticando el uso que se haga de la ley. El drama de la violencia de género son las mujeres asesinadas, y no sé puede jugar al “Y tú más”. O al “Y tú menos”.

El problema es que las matan. Y el hecho de resaltar que también haya hombres maltratados, o que existan denuncias falsas, no va a impedir que las maten. Lo que va a impedirlo es que se adopten medidas que no se adoptan, que se pongan medios que no se ponen, y que se hagan cosas que no se hacen. ¿O alguien cree sinceramente que demostrar, por ejemplo, que la cifra de denuncias falsas fuera más alta que lo que se dice -cosa que niego, dicho sea de paso- impediría una sola muerte? ¿Que reconocer que existe maltrato de otra clase ayudaría a proteger a una sola de las miles de mujeres maltratadas?

Pues eso. No me mezclen churras con merinas. Porque al final, no se habló de violencia de género. Vinieron cada uno a hablar de su libro, en un ejercicio de umbralismo que además de cansino, resulta preocupante.

¿Cuántas más tienen que ser asesinadas para que se hable de verdad de ello y, sobre todo, para que se note en los presupuestos?

Ya sé, es cuestión de prioridades. Eso es lo malo.

Publicado originalmente en INFORMA VALENCIA

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.