Sin indicios de que podia matar

agosto 4, 2014 en Artículos, Noticias, Opinión por No más violencia de género

  • por José Antonio Burriel, presidente de la Asociación NO Más Violencia de Género José Antonio Burriel

  • Y además, artículo de Lorenzo Silva: Para Nadie.    

hijo y madre violencia de generoEl presunto asesino tenía una orden de alejamiento de su expareja. El presunto asesino hacia dos días que acababa de cumplir una pena de arresto domiciliario de 30 días. ¡Y asesino a su expareja! Y hay una apreciación en la noticia de prensa que me ha llamado poderosamente la atención.

Según el alcalde de la localidad la Policía Local que había supervisado el cumplimiento del arresto domiciliario, no advirtió indicio alguno de que el arrestado tuviera  intención alguna de asesinar a su expareja. ¡De Perogrullo: no iba a expresar sus intenciones! Pero… ¿cuándo nos vamos a enterar de algunas verdades sobre los malos tratos, sobre la violencia de genero?

Para el maltratador, para el machista maltratador la mujer no reúne característica alguna de persona: es inferior a el, al hombre, al machista. Y como es inferior la mujer puede ser tratada como un objeto. Y como es inferior puede ser asesinada: el maltratador, el machista es: dueño y señor de la mujer, también de su vida. Es posible que no tenga premeditado el asesinato, es posible que ocurra estimulo alguno para llegar a la muerte. Pero… ¡el maltratador es dueño y señor de la mujer, un “algo”- persona desde luego que no- inferior a el, y, por supuesto, en modo alguno de igual dignidad como persona!

Una pregunta. Un tanto malintencionada, pero pertinente. Si el maltratador tenia una orden de alejamiento, si había sido condenado a una pena de arresto domiciliario, se entiende que se le aplicara el procedimiento establecido –el llamado Viogen- para establecer su grado de peligrosidad. Reconozco que es posible que el procedimiento se aplicara correctamente y el riesgo fuera mínimo; es posible. Pero…lo siento, pero me queda alguna que otra duda.

Y van…prefiero no recordar el numero de mujeres asesinadas por su pareja o expareja. ¡Un número insufrible para una sociedad sana!

José Antonio Burriel.

Para nadie, por Lorenzo Silva.

Lo ocurrido tan sólo le deja al hijo una respuesta racional: soltar contra la pared un puñetazo con el que se rompe varios huesos de la mano. Luego aparecerá con el brazo escayolado en las fotos que le hagan los periodistas. No está en absoluto de más, esa imagen. A veces el lenguaje no verbal es el único que puede decir, cabalmente, las cosas que deben decirse.

Y es que su madre, la mujer que con sólo cuatro décadas sobre las espaldas ha desfilado al cementerio por obra y gracia de un tipo que decidió probar un cuchillo en su garganta, le dio a la justicia todas las oportunidades para defenderla. No sólo denunció las amenazas del asesino, sino que pudo ofrecer prueba cumplida del acoso obsesivo a que estaba siendo sometida por un hombre con el que cometió el error de amistarse y del que puso tierra de por medio en cuanto se olió lo que allí había. Cientos de llamadas a su teléfono móvil. Seguimientos y esperas al acecho entre las sombras de la noche. En una de aquéllas, justamente, lo detuvo la Guardia Civil. La justicia respondió al reto echando mano del protocolo: juicio rápido, orden de alejamiento de 500 metros, unos días de arresto domiciliario.

Pero el tipo siguió con el acoso. “Si no eres para mí, no serás para nadie”. La misma frase necia, siniestra y manida con que tantos cientos de descerebrados anticipan su voluntad de tomar en sus manos lo que menos puede pertenecerles: la vida de otro ser humano, invocando el solo y estrafalario título consistente en que el ser humano en cuestión tuviera la imprudencia, por las razones o sinrazones que fueran, de no ignorarlos cuando sus respectivos caminos se cruzaron. La madre pudo exhibir y exhibió todas aquellas llamadas. De nada sirvió.

Al final, cumplido el arresto, el individuo se deslizó hasta donde estaba su víctima y cumplió su amenaza. Nada se interpuso en su camino, aparte de un papel judicial que trazaba un imaginario círculo de 500 metros de radio en torno a la difunta. Una defensa poderosa frente a un ser dotado de raciocinio. Una nadería para quien despojado de ese incómodo peso sólo tiene la venganza entre pared y pared del cráneo.

Los periódicos contarán luego que el agresor es marroquí, era más joven que ella y reside ilegalmente en España, donde trabaja ocasional y cabe inferir que clandestinamente en los invernaderos almerienses. Datos que abren el melón de las responsabilidades. La culpa es de quienes dejan entrar a quienes provienen de sociedades atrasadas y no respetan nuestros valores, dirán algunos, tirando por la calle del medio. La culpa es de quienes se ahorran costes laborales empleando en condiciones irregulares a quienes no pueden acceder legalmente a un contrato de trabajo, interpretarán otros, dejándose llevar por el prurito de la conciencia social.

Pero no: la culpa es de un hombre que no adquirió por el camino las herramientas para que su cerebro se impusiera a sus tripas, allí donde éstas señalaban el camino del despeñadero propio y ajeno. Y el motivo es irrelevante, porque tipos así siempre habrá, entre los sarracenos y entre los cofrades de la Virgen Santísima, y lo que tocaba era ponerle un dique que no se le puso. Lo inmediato es cargar la culpa de esa omisión a ese juez o esos guardias que no supieron proteger a la mujer. Y tanto uno como otros ya estarán preparándose, porque alguien fisgará en lo que hicieron o dejaron de hacer para dirimir a posteriori si tomaron las medidas que debían y podían o fallaron.

La investigación arrojará el resultado que sea, pero tampoco estará ahí la cuestión. Lo que toca es preguntarse por qué se consume una muerte anunciada, mientras la justicia dilapida a diario sus recursos en causas ficticias o irrelevantes. Y la única respuesta posible ya está dada: un puñetazo en la pared.

Enlace al artículo original de Lorenzo Silva para El Mundo.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.