Yo, maltratador (arrepentido)

abril 7, 2016 en Sin categoría por No más violencia de género

  • ”Estaba obsesionado con matarla. Era un animal resentido, irracional, rabioso”

  • “Cuando agredía no sentía nada, era una persona sin sentimientos”

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PEDRO SIMÓN – 03/04/2016 – Diario El Mundo.

Germán ha preparado el desayuno con delectación de repostero. Sobre la bandeja trae dos tazas de porcelana con sus platitos a juego, una tetera muy caliente, dos servilletas perfectamente dobladas y un bollo casero que ha hecho en el horno para la ocasión. Cuando el visitante derrame una gotita de leche sobre el cristal, Germán la limpiará moviendo la mano derecha en un delicado círculo. Un gesto que repetiráobsesivamente varias veces.

Las manos.

Esas manos.

Esas manos grandes como sarmientos sin podar.

Todo lo ha hecho él con esas manos, sonríe.

Lo que puede hacer un hombre con las manos: estrechártelas bien fuerte, servirte el té sin que le tiemble el pulso, cocinar una quesada excelente. O tratar de asesinar a su mujer en varias ocasiones.

De eso va este encuentro.

(…)

-¿Pensaste en matarla?

-Sí. Durante un tiempo estuve obsesionado. Pensaba en pillarla, en secuestrarla, en ir a su trabajo, en pegarle un tiro… Pensaba en matarla de mil maneras… Yo era un animal resentido, irracional, enfermo, rabioso, tenía algo dentro que no sé lo que es. Cuando agredía no sentía nada, era una persona descontrolada, sin sentimientos. Después sí, después me arrepiento, lloro, me avergüenzo, no sé dónde meterme.

Esta es la crónica de una rareza a varias bandas: muy pocas veces un maltratador que se confiesa “arrepentido” accede a hablar. Muy pocas veces se deja grabar en un vídeo. Muy pocas veces describe los malos tratos con tanta crudeza, mientras corta la quesada con un cuchillo parecido a aquél.

Nada de lo que va a contar a continuación justifica lo que hizo. Su historia -llena de omisiones y contradicciones- no es extrapolable a ningún otro caso. Germán -que no se llama Germán- sí tiene 37 años, sí es padre de una hija de 12, sí está divorciado, sí ha realizado un programa reeducativo para maltratadores encarcelados con la Asociación Con Un Pie Fuera y sí pasó nueve meses en la prisión de Cáceres II por agresiones físicas y psicológicas continuadas a su esposa.

Unas agresiones que suenan mucho más salvajes por la normalidad con la que te habla Germán. Por ejemplo. Una vez trató de estrangularla delante de la niña. Por ejemplo. Otra vez la agredió, sacó un arma blanca y la desnudó. Por ejemplo. Otra vez amenazó con “encender el gas y volar la casa entera”.

Hoy nos dice que es “celoso pero no posesivo” (sic). Que “los celos son algo normal porque hasta los animales son celosos”. Que la llamaba “puta” y “vaga”. Que “la cosa se empezó a torcer cuando ella comenzó a trabajar y se volvió independiente”.

Y que tenía un odio a las mujeres, coge la tetera.

Un odio que no sabe cómo explicar, añade la leche.

Un “odio infernal”, nos sirve.

-¿Te echo azúcar o no?

Una cafetera cuece

“Ella era de Marruecos y estudiaba en el instituto. Yo era agricultor y albañil. Ella tenía 14 años y yo 21. Durante tres años nos veíamos a escondidas. Hasta que la dejé embarazada con 17 y el padre de ella accedió a que me casara, pero siempre que me convirtiera al islam, porque ellos eran musulmanes. Hice mi paripé. Y un año después de que naciera la niña, nos casamos en el 2004″.

“Ella empezó con un trabajo en una fábrica de ropa y ahí la cosa ya se estropeó. Veía como que me engañaba con mi hermano. Cosas raras entre los dos… A mí me gusta dialogar; si no me levantan la voz, yo dialogo. Pero discutíamos por lo de su infidelidad.Ella lo negaba, claro. Poco a poco me iba calentando la cabeza. Ella me decía que estaba loco y que era un amargado. Yo le decía que era un zorra. Soy de advertir, no de amenazar. Y yo le advertía. La niña tendría dos años y nos insultábamos, yo daba portazos, a lo mejor me cogía el coche y me hacía 200 kilómetros para no discutir: pensaba que se lo estaba haciendo con mi hermano, que también lo negaba. Así que un día la tuvimos con el temita. Le tiré del pelo y se marchó con la niña a casa de una amiga que es profesora, llegué a mi piso y vi los armarios de la ropa vacíos. Entonces tuve una explosión de ira y discutimos cerca del mismo cuartel de la Guardia Civil. Al final ella retiró la denuncia porque mi padre la convenció. Estuvimos una semana sin hablarnos y aquello se pasó”.

“La vez que estuve a punto de matarla no sé qué me ocurrió, no sé qué me pasó, tengo muchas lagunas [Niega con la cabeza]… Mi madre acababa de irse con otro y había dejado tirado a mi padre, que estaba muy enfermo… Vi a mi madre con otro tío por la calle y se me metió en la cabeza que alguien tenía que morir, la venganza, mezclaba todo, como una cafetera que empieza a cocer… Me fui a lavar el coche y cometí el error de irme a la finca de un amigo a beber una cerveza. Y otra. Y otra. Salí borracho. Mi mujer no paraba de llamarme: que no bebas, que no te sienta bien, preocupada… Eran las fiestas del pueblo y me fui a donde los toros a por ella. Tenía pensamientos distorsionados, porque muchas de las cosas no eran reales… La vi con un matrimonio que no soporto: porque yo sabía que él se la quería tirar. Y exploté: la cogí del brazo y me la llevé a rastras, gritando, con la niña detrás, que tendría cinco años. Al llegar a casa la cogí del cuello en plena calle. Si no me la arrancan de las manos los guardias civiles la mato. Yo decía: “¡Muere, muere, puta, muere, muere…!”. Ella estaba muy asustada. Recuerdo su cara desencajada, aquel día tenía miedo. Y con motivo. Yo siempre me tiro al cuello, no sé por qué… La niña lloraba y lloraba y tiraba de su madre. Eso es lo que recuerdo: los ojos de la chica. Cómo tiraba”.

Orden y desorden

-¿Ves? ¿Qué te he dicho? Es que soy un obsesivo del orden. Se te cae una gota de leche y la tengo que limpiar.

El hombre termina de limpiar la mesa y acerca una estufa catalítica a los visitantes para que estén cómodos. El salón es frío y espartano. El piso de alquiler en el que vive a solas luce un orden minimalista. Veamos. En la estantería hay un puñado de libros. Junto a Venganza de Freeman o el Yo mato de Faletti, hay una Biblia, un Código Penal y un ejemplar de la Constitución. Contamos 11 volúmenes de psicología. Justo encima de un diploma que acredita que el maltratador es donante de sangre.

Hay gestos que con otro protagonista no merecerían mención alguna. Con él sí: ver a Germán con un cuchillo en la mano dispuesto a cortar la quesada.

-¿Tú crees que ella te quería?

-No.

-¿Y tú piensas que tú sí?

-Yo sí.

-¿Tú sí?

-Yo sí… Aunque ahora puedo decir que la culpa fue mía. Si hubo un 100% de culpa, el 80% fue mía.

-¿Y el 20% de ella?

-De ella… Si ella cometía un error o si se rozaba con el coche, por ejemplo, yo explotaba y me ponía a romper cosas. Si llegaban las ocho y no estaba la cena, puntual, yo ya me ponía nervioso... Le decía: “No vales para nada”, le gritaba. Yo soy muy exigente. Ya has visto con la gota de leche, es que no puedo dejar que se quede ahí en la mesa sin limpiarla… Me pasaba lo mismo con los fallos… Si los había, rompía los platos o los adornos, los estrellaba contra el suelo. Era muy maniático con la limpieza y el orden. Ella era un poco desordenada. La llamaba guarra, vaga… Me nublaba… Creo que pagué con mi mujer todo lo que mi madre me hizo de pequeño…

Y se lanza a hablar como el que rebobina.

Y trata de explicarse a sí mismo contando que su madre le maltrataba dejándole sin comer, que le metía en una habitación a oscuras, que sufrió “todo tipo de aberraciones hasta los 17”, que su padre se ahorcó en 2008 y que sus dos hermanas se suicidaron en 2014. Y que él lo intentó -tirándose desde lo alto de un puente- cuando tenía 19 años. Y que cayó cara y no cruz.

-De niño tenía odio a las mujeres y no sabía por qué. Yo las odiaba y no las quería: decía que eran malas. Desde los siete años. Un odio infernal.

La ventana

“En 2009 la vuelvo a agredir. Yo por entonces ya pensaba que estaba liada con un compañero suyo, con un primo hermano y con otra persona. Estoy haciendo la comida, llega ella muy feliz y me dice: “Qué rico huele. ¿Qué estás preparando?”. Y yo le digo de malos modos: “Esto es para mí y para mi hija”. Algo me contesta y empiezo a zarandearla, cojo un cuchillo y le grito: “¡Te tengo que matar!”. Todo esto lo está viendo la niña. Lo cuento ahora y uf… Llevo a su madre al dormitorio, la desnudo, le rompo toda la ropa y le suelto: “¡No te voy a matar porque está la niña delante!”. Ella sale medio desnuda a la calle corriendo. Gritando: “¡Que me mata!’. Los vecinos salen a socorrerla… A los tres o cuatro días vuelvo a la casa entrando por la ventana y allí no hay ni dios, está la casa tal cual se quedó. Ella se ha ido a casa de su hermana. Me pongo a recoger todo: ya sabes, la obsesión mía por el orden… Y me digo: “En algún momento tiene que venir”. Así que me siento a esperar en el sofá. A las varias horas llega. Yo pienso: “Menos mal que ya viene”. Me levanto en silencio, me acerco, le digo: “Vamos a hablar”…”.

Terminó hablando como acusado ante el juez.

Entonces no lo contó como lo ha hecho aquí. Sino arrancando las páginas más jodidas, cosas como las que ha dicho hoy y que no dijo en la sala.

Por el intento de estrangulamiento le cayeron dos años de prisión, una multa de 1.160 euros y 60 días de trabajo al servicio de la comunidad.

-¿Sólo?

Sólo.

Por la segunda agresión (y una orden de alejamiento incumplida) le condenaron a 20 meses de cárcel.

En 2012 Germán ingresó en prisión.

Pasados nueve meses salía.

Ojos en mate

En la fotografía del marco que hay sobre la mesa, la niña de 12 años luce unos ojos tímidos, sin brillo, como esas muñecas que los tienen rotos o acabados en mate.

-¿De la ex mujer no tienes foto?

-No. De la madre de mi hija no tengo fotos.

Le preguntamos qué haría si su hija se topara con una pareja como él. Si la niña fuera una maltratada como su madre. Si la cría viviera lo vivido en casa de nuevo, pongamos, una década más tarde. Sangre de su sangre derramándose.

Es la primera vez que se pone tenso como una cuerda. Una que fuera a romperse si la vuelves a rasgar.

-No quiero ni pensarlo. Iría a por él. Ya le he dicho a ella: si alguna vez alguien le pone la mano encima que me lo diga, que aquí está su padre para impartir justicia…

La justicia. Además de los nueve meses preso, la suya dictaminó que estaría otros nueve meses con un sistema de control telemático, otros tantos en libertad condicional y otros tantos en un curso de reeducación. Todos los sábados. Dos horas y media. En grupos de entre 12 y 15 maltratadores. Dicen en la Asociación Con Un Pie Fuera que el 70% de ellos -eso dicen en la asociación- no vuelve a reincidir.

-En los cursos empecé preguntándome que qué hacía allí, si yo no era un matón. Pero luego empecé a comprender que sí. Comprendí el error grandísimo… He sido muy prepotente, la he humillado mucho… Yo no estaba preparado para estar en pareja. La vi llorar, pero no mucho… A veces sí veía miedo en ella. Eso sí. Se encerraba en su habitación, pensaba que iba a agredirla. Y yo tenía que suplicar que me abriera. Una vez y otra.

-¿Te consideras violento?

-No. Ya no. A veces por mis reacciones los demás pueden pensar que sí. Porquegesticulo mucho y eso. Pero no. Yo ya me controlo, sé evadirme, no tengo esa ira, esa malicia. Era una persona odiosa. Que odiaba. Y lo pagué con ella.

Terminamos hablando de las mujeres asesinadas que salen en las noticias de televisión, de cómo él cambia de cadena porque le da vergüenza ajena (y propia) mirarse al espejo de la pantalla y verse él borroso. Le hablamos de las 13 de este año, de las 60 de 2015, de las 54 de 2014, de las 54 de 2013… En una cuenta atrás que nos lleva de nuevo al día en que se casó, al día en que tuvo a la hija, al día en que estalló y al comienzo de este artículo.

-Bueno, qué. Decidme qué os ha parecido…

Es Germán -que no se llama Germán- quien pregunta ahora, se levanta de la silla, se quita el micrófono, sube la persiana, se frota las manos, apaga la estufa catalítica.

-Decidme. ¿Qué os parece?

-¿Qué nos parece el qué?

-La quesada. ¿Os ha gustado la quesada?

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.