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Violencia machista: cambiar el chip

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José-Antonio Burriel

Estamos ante un momento importante para dar un vuelco en los esfuerzos por una igualdad efectiva y en los esfuerzos para que sean más efectivas las acciones para erradicar la violencia machista de nuestra sociedad. El necesario Pacto de Estado sobre este tema ocupa la atención central. Y a los que llevamos años procurando sumar nuestro granito de arena a esos esfuerzos y esa lucha, “nos quema la pluma en la mano” para poner negro sobre blanco ideas, reflexiones y sugerencias pensadas y repensadas mil veces. Y ¡tate! Llega a mis manos la poseía –mil veces leída- de Gabriel Celaya:

“Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quien somos,

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.

Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren

y canto respirando.

Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas

personales, me ensancho”

¡Hay que mojarse y atreverse a trasmitir las sugerencia pensadas y repensadas! Y Gabriel Celaya me anima a ello.

Insistir en el verdadero concepto del machismo

A causa de los brutales asesinatos machistas muchos ciudadanos, cuando se les habla de erradicar el machismo, solamente centran su atención en los asesinatos. Muchos ciudadanos, cuando se les habla de comprometerse en la erradicación del machismo, no dan un paso al frente: están en contra del asesinato machista y se conforman con ello, entre otras cosas porque piensan que poco pueden hacer al respecto.

Con otras palabras, no acaban de entender que el asesinato machista es el último acto “de posesión de la mujer” por parte del agresor; no acaban de entender que el machista ha ejercido de “pretendida superioridad” con muchas y variadas acciones.

Y la erradicación del machismo pasa por la educación a todos los niveles. Y si resulta casi imposible “cambiar el disco duro del ordenador que marca al machista como superior a la mujer”, resulta más fácil modificar micromachismos –machismos a fin de cuentas- en la conducta diaria.

Apoyo a la mujer en sus entornos más próximos.

Si el compañero de trabajo, si el amigo, amiga, si el familiar es consciente del agravio que significa cualquier actitud machista sobre la mujer, es posible que comprendan mejor la ayuda y compañía que necesita la mujer ante tales situaciones. Y es posible, asimismo, que el entorno preste su apoyo a la mujer si se decide a denunciar, incluso animarle a ello.

  • Y si estos dos apartados se refieren a lo que he denominado “cambiar el chip”, también este “cambio” afecta a otro tema: eliminaremos la violencia machista si “el edificio” comienza donde debe comenzar, en los cimientos; y los cimientos están en la educación, en los distintos estamentos de la sociedad, y no de modo esencial y casi exclusivo en las leyes o en el Poder Judicial.

Escucho con demasiada frecuencia: hay que cambiar la ley. Admito que hay modificar algunos aspectos de la ley y potenciar otros que se han olvidado -educación, medios de comunicación, publicidad-. Pero se olvida que primero es la vida y después la ley. Que las leyes pueden castigar o ser algo a tener en cuenta por el posible castigo, cierto-  Pero solamente la educación cambia los corazones.

No echemos la culpa a las leyes ni a las decisiones judiciales. ¡Fijémonos en la conducta diaria, volvamos los ojos hacia las redes sociales, asumamos la responsabilidad que a cada uno nos corresponde!

Atención a las víctimas y especialización.

Es cierta la queja: muchos agentes sociales –jueces, fiscales, fuerzas y cuerpos de seguridad, abogados, psicólogos, trabajadores sociales, etc.- carecen de la necesaria especialización para atender debidamente a las víctimas de la violencia machista. Y algo hay que hacer, y urgente, para solucionar este tema, importante para que la mujer confíe en esos  agentes sociales.

Y una cuestión es importante: la mujer víctima de la violencia machista necesita que se la crea, que se comprenda su dolor, que no se la “victimice”. Podría decir muchas cosas al respecto. Recomendaré una publicación: “Primeros auxilios psicológicos para las víctimas de violencia de género (Guardia Civil). Y recordaré unas estrofas de Borges:

No puedo evitar que tropieces.

Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.

Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.

Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.

No juzgo las decisiones que tomas en la vida.

Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.

No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar,

pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.

No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón,

pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.

No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser.

Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo”.

Perfil oficial de la Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel", por la erradicación de la violencia contra las mujeres.

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