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El maltrato se ensaña con la España rural

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Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel" Violencia-kTEB-620x349@abc El maltrato se ensaña con la España rural

Un entorno social cerrado y la falta de recursos empujan a las mujeres al silencio.

Reflexiones de Jose-Antonio Burriel en base a un artículo de Érika Montañés para ABC.

Hace unos días en “No Más Violencia de Genero” tratábamos el tema del mundo rural y la violencia de genero.

Hoy, ante nuevas consideraciones, volvemos sobre el tema. Lo vamos a hacer reproduciendo el reportaje por Érika Montañés publicado en ABC el 2 de mayo y dando a conocer nuestra reflexión y nuestras sugerencias.

Denuncian menos. Es un hecho. Y muchos, agentes, trabajadores sociales y autoridades, se preguntan el porqué. Las mujeres víctimas de la violencia de género en el medio rural pueden chocar con varias trabas a la hora de acusar a sus maridos o exparejas, circunstancias que no vienen recogidas en ningún Pacto de Estado, pero que cuentan las entidades que trabajan con ellas tratando de asesorarlas. No denuncian por vergüenza, por el qué dirán, porque temen que en la comisaría se encuentre un familiar de su maltratador, o un pariente suyo, por la distancia insalvable que tienen hasta llegar a un cuartel o porque, simplemente, carecen de coche y recursos para hacerlo… Todos estos obstáculos permanecen opacos para la sociedad cuando se contabilizan las mujeres que sufren violencia machista, pero los relatan calcados, casi palabra por palabra, la comisaria responsable de VioGén (el sistema policial de protección de las víctimas), Marina Rodríguez, y asociaciones de lucha contra esta lacra.

Vergüenza…en el mundo rural todos se conocen, y el qué dirán los amigos y familiares de la mujer y del maltratador ante una denuncia. Como acudir a los recursos de ayuda…suelen estar lejanos del municipio, por ejemplo; y es sencillo que los habitantes del municipio tengan conocimiento de esa “visita”.

Una de estas entidades es la Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural (Afammer), presidida por Carmen Quintanilla. Desde esta ONG, que ayudó con sus programas en 2018 a dos millones de personas en la «España vaciada», aseguran a ABC que el maltrato se ceba con mayor dureza con las mujeres del campo, que tienen menos medios específicos para encararlo. Lamentan casos como el de una mujer asesinada el año pasado en un pueblo gerundense, donde el agresor se había quedado viviendo a 150 metros de su exmujer. El pueblo no denunció cuando asistió en primera fila a una refriega en la calle. Esa misma noche él acabó con su vida en el umbral de la puerta, mientras una hija dormía en el piso de arriba. «Nadie se quiere meter en los asuntos de una familia del pueblo, por la cercanía en las relaciones con una y otra parte, por las habladurías y su influencia, por la visión de la familia como el bien supremo a preservar, por las actitudes de sumisión y aceptación de la violencia y las desigualdades de género, todo ello mucho más profundo en el medio rural que en el urbano», afirman en la sede de Afammer, en Ciudad Real.

Relaciones más próximas en un municipio pequeño…concepto de la familia como núcleo supremo a defender…por las desigualdades de género, más presentes en el mundo rural que en el urbano, también la aceptación de la violencia  como solución de los conflictos en la pareja… Lo de menos recursos es evidente, menos recursos y escasamente especializados”

Muchas de las 993 mujeres asesinadas en España desde 2003 personifican lo que detallan en esta entidad: «No involucrar a la familia a fin de no preocuparles, no causarles un disgusto público, así como seguir considerando la violencia como un asunto privado son actitudes que siguen estando muy presentes en la actitud de las víctimas».

El problema de lo hijos…la familia más tradicional, son elementos que retraen la denuncia en el mundo rural. También el considerar la violencia de género como un asunto privado, como –esa violencia- cual si formara parte de las relaciones de pareja. La sensibilización y formación no ha llegado en profundidad al mundo rural. Hay que diseñar campañas dedicadas al mundo rural, campañas que, sin crear alarmas lo que sería contraproducente, den a conocer los recursos existentes para el maltrato en la pareja. ¡Un autobús en medio de la plaza no es solución!

En la sede de VioGén, Marina Rodríguez asevera que los agentes que velan por la protección de las mujeres se topan con estos problemas añadidos. Agrega otro: «Muchas víctimas quieren denunciar, pero que no le pase nada al agresor, o dicen que “el castigo no sirve para nada”, en el sentido de que no repara a la víctima y tiene efectos familiares.

Un cierto afecto que todavía este presente…Pensar que el maltratador puede cambiar…la alimentación de los hijos…las relación de los hijos con el padre…la creencia de que el castigo no sirve para nada y no es menor este motivo para no denunciar… ¡la victima del maltrato que “herida” y “señalada”…  y el agresor en muchos casos en la calle y como “si nada”

Amaya Caldero es la coordinadora de la Unidad Forense de Violencia de Género en una provincia eminentemente rural, Zamora. La doctora empieza por reivindicar que el Pacto de Estado incluye que haya unidades como ésta en toda España, pero «siguen faltando muchas». Caldero ha elaborado un estudio muy peculiar: ha recogido una muestra de 16 casos de agredidas tratadas en su área en los últimos seis años. Todas sufrían trastornos adaptativos. En un 44% de los casos, estas mujeres padecían patología dual, es decir, una adicción y otro trastorno mental al mismo tiempo, en un 18% retraso mental, y en un 6% presentaban hábitos psicóticos y delirantes. Caldero avala que la falta de anonimato y el control social derivan en mayor presión para ellas.

En otro apartado del diagnóstico, la doctora de la Unidad Funcional de Conductas Adictivas del Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Complejo Asistencial de Zamora evalúan el estrés postraumático que registran las agredidas; y su dependencia de tóxicos, como el alcohol. «Son más sensibles y vulnerables por la menor capacidad de reacción que tienen. Su recuperación también es más lenta», dice a ABC. El profesional más cercano a la mujer maltratada en la España rural es el médico de Atención Primaria, «crucial para la detección y para abrir la puerta de acceso al resto de los recursos». «Es fundamental el apoyo integral a la víctima durante todo el proceso para evitar una victimización múltiple: maltratada, enferma mental y adicta», recalca.

¿Unidades Forenses de valoración de la Violencia de Genero? Lo siento, pero me entra la carcajada: si ni siquiera actúan plenamente en capitales de provincia, ni en la cabeza de los partidos judiciales… ¿van a hacerlo en el mundo rural? Y por el silencio y la falta de recursos… ¡la victimización secundaria! Claro que es evidente la actuación del Médico de Atención Primaria. Pero surgen las preguntas: aunque algo se ha avanzado, ¿tienen la formación adecuada, los protocolos existentes son rápidos y eficaces?

Una vez repartidos los 200 millones de euros que el Ejecutivo debe trasladar a ayuntamientos y autonomías para prevenir y hacer frente a la violencia machista, las asociaciones denuncian otros hándicaps que no se están teniendo en cuenta en ningún reparto: «Una parte de la población rural, sobre todo la más envejecida, desconoce las modalidades de violencia, sus causas y consecuencias, minimiza el riesgo de muerte o de graves lesiones o niega, incluso, la existencia de violencia», dice Afammer. Es casi un combate contra un gigante «invisible». Por si fuera poco, agrega, muchos hombres en el rural «no son considerados como un colectivo específico a sensibilizar y no suelen participan en las actividades de prevención.

“Molinos de viento cual si fueran gigantes” como en el mundo de Don Quijote. ¡Pero como el gigante es invisible, pero está ahí, habrá que hacer algo! E insisto:  la redacción de las campañas, de los folletos explicativos, los cursos de formación a las asociaciones y colectivos, etc., deben estar balo la responsabilidad de profesionales expertos, expertos en la materia de violencia de género y expertos en la mentalidad y problemática del mundo rural.

En cuanto a los millones que el Pacto de Estado debe de trasladar a los ayuntamientos y autonomías algo que no me cansara de repetir: los agentes sociales, psicólogos, trabajadores sociales, agentes de igualdad, policía local, etc., que van a estar al frente de las responsabilidades de atención a las víctimas de violencia de género, deben estar suficientemente formados. Pongamos un ejemplo: si esos agentes sociales van a poder definir que una mujer es víctima de violencia de genero, aunque no haya denunciado y de ese modo acceder a algunos ayudas, ¿Cómo podrán hacerlo sin una adecuada formación?

Los últimos datos oficiales al respecto aparecen en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer (de 2015) de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. En ella se indica que «son las mujeres que residen en localidades de 2.000 habitantes o menos las que en menor proporción buscan los servicios de la policía o los juzgados para poner una denuncia, un 17,1% frente al 29,1% de las mujeres residentes en urbes de tamaño superior. El silencio es mayor en los municipios más pequeños.

¡Los datos están ahí! Resulta “más publicitario” volcarse en las urbes por aquello del eco mediático, que en los municipios más pequeños. Decía Don Quijote: Sancho, cambiar el mundo no es ni utopía, ni locura, ¡es justicia! ¡Romper el silencio en los municipios más pequeños es justicia!

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