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Jonathan Haidt: “Soy judío y quiero que mis hijos lean el Mein Kampf”

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Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel" jonathan-haidt-001-850x491 Jonathan Haidt: "Soy judío y quiero que mis hijos lean el Mein Kampf"

Que mi preocupación fundamental es la violencia de género. Resulta evidente- Y gran parte de mis esfuerzos en estos últimos tiempos han sido escribir sobre los adolescentes y la violencia de género, así como dar charlas en centros docentes sobre este tema. 

Y al ahondar sobre el problema y tratar de formar a los adolescentes surge necesariamente la influencia negativa de las redes sociales y de las nuevas tecnologías. Ello me ha llevado a acudir a informes de especialistas, a publicaciones de los expertos; en definitiva, a tratar de encontrar aquellos medios prácticos e idoneos para la prevención de los daños que puedan causar a los adolescentes el mal uso de las redes sociales. 

Y una de las lecturas que más me ha impactado es la que ahora reproduzco –cuando termine de leer el libro, volveré sobre el tema. ¿Por qué ese impacto? Por la insistencia, y claridad, del psicólogo en una formación real de los adolescentes, en enseñarles el camino correcto y no centrar todos los esfuerzos en la sobreprotección. He destacado en cursiva y negrita algunas ideas que aparecen en este reportaje.

JOSE-ANTONIO BURRIEL

Entrevista por Gonzalo Suarez para “El Mundo”, 29 setiembre 2019.

El psicólogo alerta de la sobreprotección de los adolescentes en su nuevo ensayo, en el que denuncia que las “malas ideas” están condenando a toda una generación de jóvenes al fracaso.

Nada más arrancar la entrevista, Jonathan Haidt saca su ordenador y busca un gráfico que muestra que el porcentaje de chavales de 16 años que ha probado el alcohol ha caído del 80% en 2000 a menos del 60%. También fuman menos que antes, conducen mejor y tardan más en perder la virginidad. «¿Qué crees que significan todos estos datos?», pregunta Haidt, de 55 años, como si estuviera en una de sus clases magistrales en la New York University. ¿Que sus padres pueden dormir más tranquilos? ¡En absoluto! Significa que, en vez de aprender a asumir riesgos sin supervisión adulta, estos chavales viven encerrados en sus casas y pegados a sus móviles. Nadie les está preparando para la vida real. Es una catástrofe.

Esa es la tesis principal de La transformación de la mente moderna (Editorial Deusto), el último ensayo del psicólogo neoyorquino, escrito junto a Greg Lukianoff, abogado y defensor de la libertad de expresión. Aunque, en realidad, la sustancia del libro está en su subtítulo: «Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están condenando a una generación al fracaso».

Las «buenas intenciones» son las de los progenitores que, a mediados de los 90, engendraron la llamada Generación Z, la inmediatamente posterior a la millennial. Son los llamados padres helicóptero, esos que llenan las horas de sus retoños con actividades extracurriculares para que entren en las mejores universidades y, a la vez, se obsesionan por ahorrarles cualquier trauma, real o imaginado, a costa de convencerles de que viven en un mundo aterrador. «Blindar a nuestros hijos de los traumas les provoca un daño irreparable», dice Haidt.

Las «malas ideas» son los pensamientos irracionales que los padres helicóptero han inoculado a sus hijos. Son tres: «Lo que no te mata te hace más débil» (la mentira de la fragilidad); «siempre confía en tus sentimientos» (la mentira del razonamiento emocional), y «la vida es una batalla entre buenas y malas personas» (la mentira del nosotros contra ellos).

Esta combinación letal de buenas intenciones y malas ideas no sólo condena al fracaso a una generación -la nacida a partir de 1995-, sino que, poco a poco, envenena a la sociedad en su conjunto. «En los últimos años, se han disparado la ansiedad, la depresión y el suicidio entre los adolescentes», detalla el libro. «La cultura de la universidad se ha vuelto ideológicamente uniforme, lo que impide que los alumnos aprendan de pensadores de un amplio espectro. También han proliferado los extremistas a izquierda y derecha. Las redes sociales y los nuevos medios permiten que los ciudadanos se refugien en burbujas ideológicas, donde se siembra la polarización entre los miembros de ambos bandos…».

TODO ESTÁ POLITIZADO

¿Acaso suena pesimista? Esperen a oír el pronóstico de Haidt, que saltó a la fama con su ensayo La mente de los justos (también en Deusto), en el que alertaba sobre los peligros de la polarización sobre las próximas elecciones en EEUU: «Está cerca de convertirse en un estado fallido. Si Trump es reelegido por los pelos, no me sorprendería que los estados del Oeste traten de escindirse. Y tampoco es sostenible continuar con las tendencias actuales: la fe en las instituciones se va erosionando, todo se politiza y se polariza hasta niveles absurdos… Y una democracia no puede soportarlo mucho tiempo».Esta polarización, ¿le recuerda a la situación de España y Cataluña?Vuestros problemas son distintos y tampoco los conozco en profundidad. Pero sí que diré que uno de los síntomas de la desintegración de la democracia es que, poco a poco, las voces más extremas del espectro político dominan el espacio. ¿Eso ocurre aquí?Sí.Mala señal. En Estados Unidos la mayoría de la gente es moderada, pero no está en las redes sociales y ni siquiera vota. Son como materia oscura política. Los que acaparan el debate son los activistas, los que votan en las primarias, los extremistas. Hay que parar ese ciclo.

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EL ANTÍDOTO

Que un cincuentón como Haidt escriba un ensayo sobre adolescentes tiene un riesgo evidente: que no entienda absolutamente nada sobre los protagonistas de su obra. Existe una larga tradición de pánicos morales cada vez que los jóvenes adoptan una nueva expresión cultural: de las novelas del siglo XVIII a la música rock, pasando por la televisión o los videojuegos.

Nadie está preparando a los adolescentes para la vida real. Es una catástrofe

Sin embargo, Haidt aduce un motivo para fiarse de su tesis: el hecho de que los trastornos psicológicos se hayan duplicado desde la llegada de los primeros miembros de la Generación Z a la universidad. ¿No será, simplemente, que han mejorado las técnicas de diagnóstico? «También se han disparado las cifras de ingreso por autolesiones, sobre todo entre las chicas jóvenes» replica. «Que nadie piense que esta generación son niños vagos o quejicas: simplemente, no les hemos preparado para afrontar la vida real»

Para Haidt, hay dos hechos clave que explican esta distorsión cognitiva. El primero fue la paranoia colectiva sobre los secuestros de niños que invadió EEUU a mediados de los 90, pese a que las estadísticas indicaban una caída de estos crímenes. De repente, estaba mal visto que los chavales de 10 años fueran solos al cole.

El otro momento crucial fue 2010, cuando el boom de los smartphones convergió con el de las redes sociales. «La vida social de los adolescentes cambió radicalmente», afirma. «En 2008, los chicos iban a casa de sus amigos después del cole y jugaban a su aire. En 2011, lo normal era que se encerraran en sus cuartos con sus teléfonos móviles».¿Por qué cree que estos dos momentos son tan importantes?Los niños, como cualquier mamífero, necesitan jugar por su cuenta para acabar el intrincado proceso de desarrollo neuronal de un ser humano. Si limitas el tiempo de juego, suelen ser menos competentes, física y socialmente, cuando llegan a la edad adulta. Se vuelven menos tolerantes al riesgo y más vulnerables a los trastornos ansiosos. Si eres un universitario que se enganchó a las redes sociales en 2011, tu cerebro ya no funciona igual que el mío. Es un hecho.

Para Jonathan Haidt, la única alternativa es desmontar, poco a poco, las tres grandes mentiras que corroen a nuestros jóvenes. La primera es «Lo que no te mata te hace más débil», el reverso posmoderno del axioma de Nietzsche. También es el credo mayoritario de la iGen, el apodo con el que la psicóloga Jean M.Twenge se refiere a los nacidos a partir de 1995, una cohorte «obsesionada por la seguridad», no sólo física, sino también «emocional». «Creen que no sólo deben estar a salvo de accidentes de coche o ataques sexuales en el campus, sino de la gente que tiene ideas distintas a las suyas», dice.

Que una universidad proteja a sus alumnos de las ideas que les ofenden es un insulto al legado de Sócrates

Para Haidt, ocurre justo lo contrario de lo que piensa la iGen: los jóvenes son seres antifrágiles que se endurecen cuando se enfrentan a adversidades, físicas o intelectuales. «Igual que los niños necesitan exponerse a todo tipo de patógenos para desarrollar su sistema inmunitario, también necesitan pequeños traumas para endurecer su personalidad», afirma.

Haidt, por ejemplo, es un firme defensor de que en los campus se lea Mein Kampf de Adolf Hitler, pese a ser judío. «De hecho, hace unos días leí unos fragmentos a mis hijos». ¿Y qué ocurrió? «Que se aburrieron y se fueron (se ríe). Pero es una especie de vacuna: dentro de unos años, si alguien les habla de ese libro, no se pondrán histéricos».

La segunda gran mentira es «siempre confía en tus sentimientos». Desde Epicteto, sabemos que «no son los hechos externos lo que nos perturba, sino nuestra interpretación de su significado». Sin embargo, a los adolescentes se les ha enseñado lo contrario: si algo les incomoda es que se trata de algo malo. Sin más.

De ahí la fiebre de boicots en las universidades estadounidenses a ponentes que sostienen ideas erróneas. «El concepto de que una universidad debe proteger a sus alumnos de las ideas que les ofenden es un insulto al legado de Sócrates», dice Haidt. «Él se veía como un provocador. Su trabajo era cuestionar, indagar… No por molestar, sino para asegurarse de que los atenienses se acercaran cada vez más a la verdad». En la pasada campaña, aquí ocurrió algo parecido con Cayetana Álvarez de Toledo en la Universidad Autónoma de Barcelona…Es una prueba clara de cómo las malas ideas se expanden muy rápido, sobre todo entre los jóvenes.En realidad, parece un ejemplo del tercer error:la dialéctica de buenos y malos…Da igual. Lo crucial es que los rectores sean valientes y no dejen que la universidad se politice con boicots. Si lo permiten, la sociedad civil morirá.¿No tienen derecho los alumnos a protestar?Hay una línea muy fina. Una cosa es protestar y otra usar la violencia, física o verbal, para impedir que alguien diga algo que no te gusta. Es una degradación del telos universitario tan grave como el plagio. Merece la expulsión inmediata.

Antes de despedirse, Haidt tiene dos noticias: una buena y una mala. La primera, que ya detecta un movimiento de padres que quieren rescatar a sus críos de la burbuja artificial. La mala, que el daño ya es tan profundo que tardará en repararse. ¿Algún atajo para padres preocupados? «Que sus hijos no tengan redes hasta los 16 años: antes de equivocarse una vez online, es importante que se equivoquen miles de veces en la vida real».


Enlace a la entrevista original en el diario El Mundo.

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