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La marea feminista del 8M

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Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel" 8m-2019-003-850x491 La marea feminista del 8M

Artículo por José-Antonio Burriel, presidente de NOmasVG.

“Por ejemplo, se insistió en la igualdad real entre el hombre y la mujer -«igual trabajo, igual salario» o «estás preciosa cuando luchas por tus derechos»-; en el rechazo absoluto a la violencia de género -«no soy mujer para morir por serlo», «el amor no es la hostia» o «no están todas nuestras voces porque desde la tumba no se puede gritar»-;  o en el papel básico de la mujer en la sociedad -«si paramos, paramos el mundo»-.

También la necesidad de fomentar una educación donde se incida en la igualdad; y se pudieron leer (y escuchar) referencias solidarias a víctimas de agresiones mediáticas, como el caso de la Manada de Pamplona.

No faltaron críticas al patriarcado -«nos da patriarcadas»-, ni lemas más que conocidos -«No es no». Este es uno de los párrafos del reportaje de Las Provincias, periódico valenciano. A mi me gusta más  el titular de este articulo, “Marea Feminista”.


Una reclamación feminista de igualdad y contra la violencia machista.

Y lo traigo a colación porque esas pancartas representan la razón de ser del 8M, Día Internacional de la Mujer: una reclamación feminista de igualdad y contra la violencia machista. Hemos avanzado, no se puede negar, pero queda mucho camino por recorrer, y las mujeres-también los hombres- reclaman, reclamamos, la creación del cambio. Un cambio que la sociedad exige, que exigimos todos aquellos que, como personas, sabemos que somos iguales, mujeres y hombres, hombres y mujeres. Y lo reclamamos para nosotros. Y lo reclamamos para las nuevas generaciones, para un futuro pleno de igualdad.

Una reclamación, un grito, unas palabras que deben estar exentas de radicalismo, de extremismos sectarios, de “politización”, de respeto para todas las propuestas  y puntos de vista acerca de cómo conseguir la igualdad. Todos somos, personas y sectores de la sociedad, responsables de algún modo de la desigualdad existente. Intentar llevar “el ascua a su sardina” no conduce a otra cosa sino a la división en la lucha por la igualdad, en la “apropiación” de unos derechos que todos pedimos, porque son derechos de todos.

Y hemos asistido, todo hay que decirlo, a radicalización y extremismo de algunos grupos; al intento de monopolizar la “marea feminista” cual si fuera propiedad de un partido o de una concreta ideología. Que unos grupos o unos partidos impulsaran más que otros “la marea”, no equivale a que todas las mujeres presentes tuvieran un pensamiento “monocorde”, ni muchísimo menos.

Dicho de otro modo, las mujeres salían a las calles a reclamar la igualdad, a pedir el máximo esfuerzo para erradicar la violencia machista que asesina a las mujeres por el hecho de serlo.

Pero las mujeres exigen ser mujeres –es decir, ser tratadas como personas iguales, pero con respeto al modo en que quieren vivir como mujeres.

Y son muchas las mujeres que quieren vivir su ser como madres, que quieren dedicar sus vidas a cuidar y educar a sus hijos. ¿Son por ello ”menos mujeres”? O que quieren elegir una educación concreta para sus hijos. O vivir un feminismo liberal, un feminismo alejado de la imposición de quienes “determinan” como se es o no mujer. ¡El “dogmatismo” y “el sectarismo” desvirtúan la lucha y exigencia de la igualdad, como desvirtúan la democracia!

Y no incido en algunos de los manifiestos a propósito de la “marcha o huelga feminista” porque vienen a ser como postulados o principios programáticos de un partido político. Y no entiendo, ni entenderé nunca, la lucha por la igualdad y la erradicación de la violencia machista –entiéndase también del patriarcado machista”- como algo partidista o sectario o dogmático. ¡Sin libertad no hay democracia!

Y finalizo estas líneas con tres frases que guardo en mi agenda.

“Ser libre no es solo deshacerse de las cadenas propias, sino vivir de una forma que mejore y respete la libertad de los demás.”

Nelson Mandela

“De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo. De todas las mujeres que haya en mi vida, ninguna será más que yo.”

De una campaña en favor de la igualdad.

Calificar a la violencia de género como un ‘asunto de mujeres’, es parte del problema. Da a una enorme cantidad de hombres la excusa perfecta para no prestar atención.

Jackson Katz, ctivista estadounidense que  invita a los hombres a que formen parte activa de esta lucha contra la violencia de género, porque es un problema que nos pertenece a todos.

PD. Adjunto lo escrito en LAS PROVINCIAS el día 10 de marzo de este año por Julián Quirós, director del periódico. He citado, al inicio de mi artículo, algo de sus párrafos. Reproduzco gran parte de esa página. Y lo hago por coincidir en gran parte de sus reflexiones. Lo hago porque merece atención y reflexión.

EL FEMINISMO MARXISTA ES SÓLO UNO MÁS

“En dos años o poco más, el feminismo ha impactado finalmente como un ‘big bang’ en las sociedades capitalistas occidentales, o sea en aquellos países asentados conforme a los principios de la democracia liberal. El feminismo ha eclosionado como un fenómeno disruptivo, imparable, enérgico y luminoso, transversal e intergeneracional. Al fin, el feminismo es una enseña que parece incorporarse al cuerpo central de valores de una sociedad exigente; igual que en distintos tiempos fue integrando los derechos humanos, las libertades civiles e individuales, el sufragio universal, la ecología, el estado de bienestar, la libertad de empresa, la igualdad de oportunidades o la religiosidad voluntaria. Declararse hoy antifeminista carece de sentido salvo que se quiera decir que se es contrario a un feminismo determinado ciertamente muy voceado. Se comprende la percepción dual que el movimiento está experimentando, pero es inevitable y consustancial al vértigo del cambio. En su extensísima base, mujeres contemporáneas, moderadas, prácticas, sensatas, exigentes y resueltas que exigen lo que es suyo. En parte de la cúspide, una izquierda minoritaria nostálgica de tardocomunismo fracasado, huérfana de banderas que portar tras perder todas sus batallas ideológicas, que pretende hacerse con el monopolio de la representación de los derechos de la mujer. A fuerza de instrumentalizar el proceso de tránsito y sobre todo de caricaturizarlo. Y decir disparates mostrencos.

El famoso manifiesto del 8M, leído el viernes a media mañana en Lavapiés, es la evidencia de que el feminismo para una parte no pequeña de sus supuestas portadoras es tan sólo una excusa, un instrumento para mezclar churras con merinas. Para declararse anticapitalistas (¿para qué ser capitalistas pudiendo ser chavistas?), contrarias a la regulación de la inmigración o al gasto en defensa, donde se acusa de racismo, colonialismo, opresores y se reivindica abiertamente a las milicianas de la Guerra Civil como modelo cívico. En definitiva, reivindican un cosmos en el que no caben las numerosísimas españolas que no piensan conforme a esas referencias totalitarias. El problema es que a fuerza de torcer la realidad los hombres que no creen en esos dogmas son fachas y machistas y si quien disiente es una mujer, es una traidora, o una servil, o una inferior. El extravío ideológico acaba soltando las costuras más procaces. Aviso de antemano por la vulgaridad que viene a continuación, pero otra vez hemos visto cómo la síntesis de la liberación de la mujer acaba según algunas tiorras unamunianas en un lema coreado y al parecer divertido: «la talla 38 me aprieta el chocho». Esto es una anécdota pero también es real, y reitero las disculpas; sirva como ilustración de la pluralidad de sensibilidades dentro del feminismo; para algunas, la indignación última pasa por la presión genital a la que son sometidas las víctimas de la moda.

El manifiesto del 8M no ha reparado en un derecho fundamental y natural, el derecho a la maternidad. Porque no creen en él, o les parece carca, reaccionario, subordinador o que rebaja la condición de la mujer. Y esa es la prueba del carácter excluyente y marginal de sus promotores. Y de que están fuera de la realidad. La inmensa mayoría de las mujeres quieren ser madres, porque la maternidad aparte de un hecho natural incontrovertible es seguramente la experiencia humana más intensa y trascendente. Aparte de que es una necesidad esencial evidente en toda sociedad como mecanismo de supervivencia y continuidad. Pues bien, la clave que el feminismo marxista niega es que hoy por hoy el 90% de los episodios discriminatorios que viven las mujeres tienen que ver con la conciliación entre su condición de madres y su condición de trabajadoras. Y que si se resolviera esa tensión, también se resolvería la mayor parte de los conflictos.

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