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Las estacas del elefante encadenado

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Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel" indefension-aprendida Las estacas del elefante encadenado

Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel" indefension-aprendida Las estacas del elefante encadenado  “Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré. Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca”.

Son las palabras finales del cuento de Jorge Bucay “El elefante encadenado”: atado en una pequeña estaca apenas inaugurada su vida, lo intento, pero no pudo; pasado el tiempo no hubo intentos. Imaginaba que no lo iba a conseguir. Y desde sus primeros pasos en la vida, a la mujer se le “ato” a una estaca: el machismo, la aceptación de su inferioridad, de su sumisión al hombre, que era superior y así debía ser acatado.

Y se alzaron las voces…Tras siglos, casi desde los inicios de la vida humana, la mujer aparecía atada a una estaca. Y se alzaron las voces…igualdad y  dignidad. Y se establecieron normas. Y aparecieron las asociaciones de mujeres. Y la  mujer comenzó a vislumbrar la esperanza: era igual en dignidad y libertad. No para todas las mujeres apareció la esperanza: o no les llego el mensaje o era muy costoso el dejar atrás la pequeña estaca. Y siguieron las voces, cada vez mas fuertes y mas generales. Pero…

Pero el machismo siguió manteniendo la estaca, de forma descarada o encubierta, en trabas y reproches, en mentiras y bulos. Que si la mujer era débil y había que protegerla. Unos salarios desiguales creaban la dependencia económica. Que así se ha vivido desde siempre, y era lo normal, así debía de ser. Y la transmisión del mensaje machista calaba y la mujer temía que era un error dar el paso a la igualdad y dignidad.

Y mas estacas. Me dejo de exquisiteces y piso el barro:

  • Falta de la formación debida en los operadores que atienden a las victimas de violencia de genero en primera instancia. Y si no existe la formación adecuada, surge el pensamiento machista en el que hemos sido educados. Y la no atención debida o la desatención fluye entre las mujeres y no dan el paso. ¡Hay salida, denuncia! ¿Se facilita la denuncia?
  • Falta de formación también en los operadores jurídicos de segunda instancia. Los jueces son jueces, por supuesto, pero…para ellos no parece existir la violencia psicológica. Excusa: es difícil probarla. ¿Para qué están las diligencias judiciales? ¿Acaso consideran que el insulto o la injuria forma parte de la relación afectiva? Y el temor a que, a pesar de la condena, el maltratador siga relacionándose con sus hijos. ¿Acaso se desconoce que el maltratado a la madre es también maltrato a los hijos?
  • Y los bulos y mentiras: muchas denuncias son falsas. La mujer denuncia para obtener beneficios económicos o quedarse con los hijos. Algo habrá hecho la mujer. Alguien puede suponer que se acepta la esclavitud y el horror de la violencia de genero por unos cuantos euros.
  • Y me preocupan sobremanera las “estacas” que encadenan a los adolescentes: los estereotipos en su familia, y en los medios de comunicación, los mitos del amor romántico, etc., Y si no les descubrimos a tiempo “las estacas” y les ayudamos a desprenderse de ella…sometemos a “la primavera de la sociedad” a ser “puro invierno”

Y no es tarea exclusiva del domador o del dueño del circo el suprimir “la estaca”….también de los espectadores, de todos los ciudadanos.

 

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