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Repasemos juntos: Feminismo

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Asociación No Más Violencia de Género "José Antonio Burriel" libertad-de-pensamiento Repasemos juntos: Feminismo

Artículo por José-Antonio Burriel, presidente de NOmasVG.

“Hay mujeres que se sienten realizadas al ser madre, otras al encontrar a alguien con quien compartir su vida, otras con tres títulos universitarios y otras viajando. ¿Tan difícil es entender que no todas aspiramos a lo mismo?”

Encontré el mensaje en las redes sociales, y me gusto. Mas aun, me pareció muy oportuno en estos momentos. Porque una cosa es el movimiento feminista, movimiento social que pretende, y lo hace con fuerza y razones mas que suficientes, la igualdad de derechos entre hombre y mujer, mujer y hombre; la igualdad en los puestos de responsabilidad; el acceso al mundo laboral en igualdad, etc. Que también el feminismo centre sus esfuerzos en la defensa y atención a las mujeres victimas de violencia de genero, es lógico. Y otro parámetro para entender el feminismo:

La erradicación del machismo, del pensamiento patriarcal-machista imperante durante siglos y que entiende y defiende la supremacía del hombre sobre la mujer. ¡Si pensamos en la igualdad, hemos de desterrar el machismo en todos sus aspectos!

Reproduzco unos párrafos:

“Lo que llaman identidad (cultural, étnica, nacional) no pertenece realmente al plano de los hechos, sino al de la ideología. En los últimos decenios, esta ideología ha llegado a constituirse en paradigma de buena parte del pensamiento antropológico: el paradigma identitario…Lo primero es señalar que, cuando la caracterización de una colectividad se designa como “identidad”, se está implicando el desconocimiento o la negación de la diversidad interna a esa colectividad…

En el plano práctico, la visión identitaria favorece siempre una ética y una política de signo reaccionario. Pues se opone a la crítica racional, en la medida en que postula o exige a la gente una profesión de fe en un “ser colectivo” hipostasiado e incuestionable. Toda identidad sociocultural esencializada, sea étnica, nacional, o sexual, recluye a sus seguidores en una cárcel ontológica. Porque los postulados de la adhesión identitaria reclaman la anulación de la propia libertad personal, así como la exclusión -y hasta la aniquilación- de quienes no la compartan…

Los “marcadores de identidad” consagrados se instrumentalizan como divisa imborrable del colectivo, como la marca de fuego en las reses. Y no faltan nunca los que asumen la función de ganaderos: se erigen en representantes de la entidad ideal sacralizada, arrogándose el derecho de cargar las espaldas de la gente con el peso de un legado que se vuelve forzoso. Se convierten en vigilantes de la obligada pertenencia y reprimen duramente la normal heterogeneidad presente en toda sociedad. Este tipo de prácticas conminatorias se enmascaran bajo el lema propagandístico del “respeto a la diversidad” (colectiva, respecto a los de fuera), que en realidad sirve de excusa y coartada para perseguir la diversidad interna y extender una homogeneidad ortodoxa…

Frente a esta deriva de la confesionalidad identitaria, que pone de manifiesto hasta qué punto se oponen entre sí la identidad y la libertad, hay que subrayar que lo más importante debe ser el respeto a la libertad, a las decisiones libres de cada uno para configurar su modo de pensar, vivir y expresarse. Porque lo que denominan identidad cultural, manipulada políticamente, opera como un sistema de constricciones cuasi religiosas, destinadas a reprimir, y hasta suprimir, las libertades y derechos individuales. Lo peor de la mentalidad identitaria es que aspira a suplantar el razonamiento libre de los individuos, sustituyéndolo por una dogmática que mandan interiorizar como verdad, como ideal sagrado, ante el que todo disidente está de antemano condenado”

(GACETA DE ANTROPOLOGIA, 2008)

Vale la pena releer pausadamente esos párrafos, no son tan difíciles de entender porque estamos asistiendo al intento de convertir, al menos por algunos movimiento, el feminismo es un paradigma identitario. ¡Grave error”

El mensaje al principio de estas líneas reproducido expresa una realidad que contrasta abiertamente con el paradigma identitario.

¡Sin libertad no hay pensamiento!

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